Cinco deseos para un nuevo presidente

Estamos a sólo unas cortas horas de conocer de manera definitiva quién será el nuevo Presidente del país durante cuatro, ocho o a saber cuántos años más. Y desde ya queremos felicitarlo y nos atrevemos a expresarle algunos deseos que tenemos guardados en un pequeño rinconcito de nuestra alma ciudadana.
Lo primero, sería que el nuevo Presidente se concentre en unas pocas cosas para que pueda cumplirlas a cabalidad, pues que el que mucho abarca poco aprieta, como dice el sabio refrán popular, y hasta nos permitimos sugerirle que sea en los tres golpes básicos que más nos hacen falta: el desayuno de la educación, la comida de la sanidad y la cena del trabajo.
Si hay educación, es más fácil encontrar un buen empleo que nos asegure una vida digna, y si hay más salud, podremos estudiar y laborar en mejores condiciones, parecen propuestas muy simples, pero son verdades más grandes que catedrales, si conseguimos avanzar en serio en estos tres renglones, los demás caerán por su propio peso. Un pueblo inteligente, laborioso y sano, puede con todos los retos que se le presenten.
Lo segundo, es que el nuevo Presidente combata la corrupción a través de un verdadero sistema de transparencia, que sepamos quiénes hacen las cosas, cuánto nos cuestan, cuándo y dónde se llevan a cabo los servicios y las obras, ya sean por encima o por debajo de tierra, y si hay algún gato en su administración, pues siempre aparece uno que otro con las uñas demasiado afiladas, castíguelo con todo el peso de la ley, sin contemplaciones ni amistades partidarias, el país está muy necesitado de ejemplos morales que vengan desde arriba y de saber también en que se emplean los impuestos que de manera tan sacrificada se pagan. Basta con que haga esto solamente para entrar en la historia dominicana por la puerta grande.
El tercer deseo es que el nuevo Presidente sea austero con su propia persona y aplique por extensión esta filosofía de cortar gastos innecesarios a todo su gobierno, a los funcionarios móntelos en carros sencillos y no en yipetas millonarias, igual llegan de su domicilio al palacio en un económico cuatro cilindros que en un lujoso traga-gasolina. Que haga menos viajes al extranjero, y reduzca el séquito de acompañantes, estos desplazamientos sumados por decenas, le restan al erario cientos de millones de pesos a cambio de resultados más que dudosos.
Suprima los odiosos barrilitos, las prebendas, las botellas en pesos… y aún más en dólares, tal vez no sea una tarea fácil dada nuestra cultura de clientelismo, pero será un gran ahorro y un ejemplo necesario.
Cuarto, que el Nuevo Presidente escuche bien a sus gobernados, por ejemplo, los sábados por la mañana váyase a un campito, reúnase con quince o veinte personas, no más porque entonces acabaría en un mitin político, comparta un café pilón con ellos, deje que le expliquen sus necesidades y sus visiones de futuro y tome en una libreta buena nota de ellas. ¡Ah! y por favor que no vayan lo periodistas, ni salga en la prensa, ni lleve una cohorte de funcionarios intimidantes, cuanto más familiares sean los intercambios, mejor.
En cuatro años pueden hacerse doscientas de ellas, verá como al final del mandato no hará falta repartir vergonzosas canastas ni hacer caravanas para que lo elijan.
Y por último, el quinto deseo para el Nuevo Presidente es que cuide bien la democracia, el más bello jardín de la libertad que poseemos, aténgase a las leyes, no se las salte por conveniencia política, recuerde que la constitución es para todos, y sobre todo… para usted.
Al nuevo Presidente le deseamos espíritu de trabajo, visión, coraje... y suerte. Los va a necesitar.
Sergio Forcadell
Sergio Forcadell