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La educación formal es un asunto de humanidad

La dinámica migratoria desafía el discurso político y los prejuicios que se interponen en una adecuada definición de la nacionalidad, de la identidad cultural y del control efectivo de esta situación convirtiéndose en un reto para la educación formal. Causa o consecuencia de la incursión en territorio dominicano de parte de los haitianos como ya indicaba Baud (1993), es un tema que debe atenderse en el contexto que corresponde para buscar formas efectivas de lograr una mayor integración de dicha población a la escolaridad, así como un manejo más adecuado de los diferentes aspectos de este problema como se evidencia en la investigación de García y Brens (2011). El estudio citado se llevó a cabo en las escuelas urbanas de las Regionales de Educación 08 y 11 y los Distritos Escolares 13-04, 13-05 y 13-06. Si bien el asunto es más contundente en el ámbito rural como dicen los docentes consultados, donde hay escuelas cuya matrícula se equipara y aún excede a la de alumnos dominicanos. Este escenario no es nuevo, en su publicación del 1993, Baud al respecto indica que, sobre todo en la frontera, se ha originado una situación fuera de control la cual sigue su propia lógica y obedece a su dinámica interna, como si la frontera no existiese. Desde el haitiano pobre que cruza a este lado de la isla de manera poco escrupulosa a aquellos cuyo tránsito es facilitado por la gente de la región unida entre ellos por lazos familiares y relaciones amistosas. Estos vínculos reforzados también por intereses económicos compartidos por la población en ambos lados de la frontera no parece que hayan desaparecido, y si lo fueron parece que están resurgiendo.

Un aspecto importante del problema lo constituye la actitud del maestro respecto al tema. Hay docentes que están a favor de la inclusión alegando que por razones de humanidad no pueden dejar sin inscripción a un niño haitiano y, en consecuencia, transgreden las difusas órdenes oficiales que limitan este acceso. Cuando de la documentación se trata, es frecuente que se apele a la benevolencia de un bienhechor en la comunidad para que declare al alumno sin "papeles" para que no se quede fuera del sistema. De vez en cuando el propio director de la escuela lo declara como hijo suyo. Otros docentes, por el contrario, indican que de ninguna manera aceptan a estos individuos en su escuela o en su salón de clase sin que puedan ofrecer otras razones aparte del prejuicio. A su vez, aunque el niño tenga los papeles en regla será relegado a una lista de espera a riesgo, probablemente, de que la matrícula se llene y no haya cupo.

Hay que mencionar también como trabas a la inclusión la propia inseguridad de los padres de los infantes, residentes indocumentados que a su vez temen de ser rastreados a través de esta instancia y deciden no enviarles a la escuela. Los padres más avezados cuentan con la opción que proporciona uno de los residentes con derecho de ciudadanía que se constituye en el padre legal encargado de declarar a los nacidos en estado de ilegalidad.

Otro aspecto que mencionan los docentes se refiere al manejo de esta población en el salón de clases para lo cual el maestro carece de la preparación adecuada y las competencias pertinentes para manejarse con grupos culturalmente heterogéneos. De esta manera se pierde la oportunidad de lograr una adecuada inmersión de estos alumnos en los valores de la cultura dominicana y de aprovechar, a su vez, las oportunidades de enriquecer el proceso educativo.

No obstante los esfuerzos de las Direcciones Regionales bajo el Control del Ministerio de Educación y Cultura que ponen su empeño en que el sistema se rija por las normativas contenidas en la Ley General de Educación, el asunto de la escolaridad de los niños haitianos en el país es complejo. Aparte de lo legal está lo humanitario, están las actitudes y los prejuicios en un tema socialmente tan sensible, está el asunto de la formación y del manejo ético por parte del docente y está la visión del sistema que debería prestar atención a las tendencias actuales en materia educativa. La participación en una comunidad global no sólo reclama, sino que ofrece las pautas para que todas las personas puedan acceder a las oportunidades educativas que aseguren, en lo personal, una mejor calidad de vida y en lo social las bases para el ejercicio de una ciudadanía responsable. En este sentido se instala el tema de la inclusión educativa de grupos en minoría por razones naturales o por prejuicios culturales. Dentro de las referencias abundantes al respecto, las opiniones de Arnáiz ( 2011 ) son oportunas.

Poner límites al acceso a la educación formal tiene amplias consecuencias en el ámbito del desarrollo humano que se basa en la experiencia personal de los primeros años de la vida. Desde la perspectiva de la Educación para Todos en el 2015, el informe de la UNESCO (2007) establece paridad entre la exclusión educativa, el tráfico infantil, las perores formas de trabajo infantil y en conclusión trae consigo diversas maneras de explotación a esta edad, sobre todo de niños que pertenecen a las minorías más vulnerables en la sociedad. De esta manera se entiende que la diversidad de la población escolar es un reto para alcanzar la meta de educación para todos, tomando en cuenta que se aspira a conseguir al mismo tiempo que todos los niños y jóvenes, sea cual sea su medio social y su procedencia, puedan tener acceso a una educación de calidad, con el propósito por lo menos de universalizar la educación básica. Si bien es cierto que en el país esta es una declaración que se aplica a la niñez y a la adolescencia de los sectores pobres ya sean dominicanos o haitianos, en este último caso se agudiza el asunto cuando se pretende apelar a la educación formal como un mecanismo de control para un problema nacional que amerita otras vías de solución. Se hace difícil la aplicación de las leyes para regular la sana convivencia cuando se ponen trabas a la educación.

Muchos son los niños de padres haitianos incorporados a la escuela dominicana a cuenta y riesgo de la humanidad de los docentes y los dilemas éticos que les acarrea. Pongámonos de acuerdo, si queremos una educación de calidad para todos permitamos que el sistema educativo se oriente según las directrices de las tendencias actuales en educación y que se encarguen del problema migratorio las instancias que tienen facultad para ello.

Arnáiz, P. (2011). Luchando contra la exclusión: Buenas prácticas y éxito escolar. Innovación educativa, 21, 23-35.

Baud, M. (1993). Una frontera para cruzar: la sociedad rural a través de la frontera dominico-haitiana (1870-1930). Estudios Sociales, 94,5-29. Santo Domingo: Amigo del Hogar.

García, L. y Brens, V. (2011). Inclusión de niños inmigrantes haitianos en el sistema escolar dominicano. En: Movimientos migratorios desde y hacia la República Dominicana. T.II. Santo Domingo: FIES.

UNESCO (2007) Educación para Todos. Informe. París: Ediciones UNESCO