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La Constitución y el lenguaje

Confesión inicial: desde mi perspectiva, nuestra Constitución deja puntos pendientes en esto de lograr el reconocimiento pleno de los derechos para convertir la igualdad formal en igualdad real; aunque a pesar de esto, creo que tiene grandes avances tendentes a lograr este objetivo.

Uno de los aspectos de la Constitución dominicana que produce gran satisfacción, es el esfuerzo de la Asamblea Constituyente por escribir un texto con un lenguaje inclusivo. Su reconocimiento de las mujeres como parte de la construcción de --lo humano--, hace un esfuerzo serio por superar la visión de lo femenino como "lo otro", "lo alterno" lo que no representa el pensamiento de la humanidad, sino el de "las mujeres". Desde el preámbulo, nuestra Constitución hace referencia a hombres y mujeres, a nuestros héroes y nuestras heroínas; en su artículo 5 establece su fundamento y hace explícito que éste opera para los dominicanos y las dominicanas; en el artículo 8 describe la función del Estado basado en la persona; y así sucesivamente. Y por cualquier duda, en el artículo 273 aclara que los géneros gramaticales que se adoptan en la redacción del texto, no significa en modo alguno, restricción al principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre.

Este gran esfuerzo de alguna manera ha molestado a varios sectores. Ha surgido con un ímpetu asombroso un discurso en defensa al "purismo lingüístico" necesario para "preservar" el lenguaje, y "aligerarlo" de "cargas" innecesarias, medalaganarias y de mal gusto; que las --insoportables-- feministas, insisten en exigir y pregonar con su "necedad" sobre la necesidad de que el lenguaje explicite a las mujeres.

En la segunda mitad del siglo XVIII, Mary Wollstonecraft, en su libro Vindicación de los Derechos de la Mujer, hizo notar entre otros asuntos, que las mujeres no son por naturaleza inferiores al hombre, sino que parecen serlo porque no reciben la misma educación. Simone de Beauvoir, planteó en la primera mitad del siglo pasado en su trascendental libro El Segundo Sexo, que "no se nace mujer, se llega a serlo". Existen múltiples estudios académicos posteriores que se han encargado de evidenciar esta situación; pero parecería que es más fácil ignorarlos que tomarlos con la seriedad que se merecen y actuar en consecuencia. Como solo he citado mujeres, si alguien quisiera referencia masculina les sugiero que inicien su búsqueda con los escritos de John Stuart Mill, allá por los 1800, en esa época él comprendía lo que nos cuesta tanto entender dos siglos después…

No soy lingüista, quizás por ello no alcanzo a dimensionar la importancia, trascendencia y valor de los argumentos sobre la imperiosa necesidad del "purismo en el lenguaje", (que no tiene ningún reparo en reconocer las nuevas palabras que surgen del spanglish o de la informática, pero que en el asunto de visibilizar a las mujeres se enoja visceralmente…). Ahora bien, la reflexión, la lectura y la investigación sobre los derechos humanos me habla cada vez más de la pertinencia de asumir que en un análisis de razonabilidad, los criterios de ponderación deberán privilegiar la necesidad de hacer visibles a las mujeres sobre criterios de reconocimiento de los "derechos del lenguaje".

Gilbert Brenson-Lazan, afirma que el lenguaje es el principal medio en que organizamos nuestra realidad interna (pensamientos y sentimientos), la comunicamos al resto de la humanidad y nos relacionamos con ella. Hay un amplio reconocimiento del criterio de que el lenguaje interviene e influye de manera determinante en nuestro empoderamiento. Por ende, las palabras que cada quien convierte en suyas tienen poder sobre la definición de nuestras opciones conductuales y nuestras percepciones; lo que podría implicar que la construcción de nuestras ideas de manera consciente o inconscientemente se realiza desde nuestras alternativas lingüísticas, y si las mismas son limitadas, construiremos limitadamente.

Frank Outlaw, lo expresa muy bien en este cuasi poema: "Cuidado con los pensamientos; se convierten en palabras. Cuidado con las palabras; se convierten en acciones. Cuidado con las acciones; se convierten en hábitos. Cuidado con los hábitos; se convierten en carácter. Cuidado con el carácter se convierte en destino".

La teoría feminista, ha presentado varias vías para la comprensión de la construcción masculina del mundo y la validación social del patriarcado; una de ellas es la Teoría de Género que se encarga de estudiar cómo ha operado la construcción cultural, histórica, social en la creación de un imaginario dicotómico de lo masculino y lo femenino a partir de las diferencias biológicas; evidenciando que a partir del rol que se desempeña en la reproducción se asignan roles diferenciados; con una marcada delimitación de "lo privado"; definido como ámbito natural del accionar de las mujeres; y "lo público", ámbito masculino por excelencia; que por demás es en el cual se toman las decisiones para el desarrollo de la humanidad. La teoría de género es pues, una categoría de análisis para la comprensión de la realidad descrita de manera sucinta en este párrafo. Vemos así, que el género no es sinónimo de sexo y no es sinónimo de "mujer".

Podría ser oportuno que las personas que estudian la lengua comprendieran que de lo que se trata es de comprender cómo opera la discriminación y subordinación de las mujeres en la sociedad (que todavía está vigente y actual y ahí están las estadísticas para demostrarlo). Y que si el lenguaje es poder, es necesario utilizarlo como vía que contribuya por una parte, a la visibilización de las mujeres; y por otra, a la reflexión y denuncia de esta situación. Debería asumirse como un deber convertir la lengua en un instrumento al servicio de los derechos de las personas. No parece posible, ni pertinente que a esta altura de la vida lo masculino siga perpetuándose como el parámetro de lo humano.

El lenguaje ha sido un vehículo de perpetuación de la discriminación. Esto no ha sido gratuito, muy por el contrario, ha tenido una intencionalidad y responde a una ideología.

La brevedad de este artículo no permite ser demasiado exhaustiva, pero, para muestra botones: ¿por qué será que el varón siempre es señor (independientemente de su estado civil) y las mujeres son señoritas y señoras?; que el diccionario sigue manteniendo que una mujer pública, es una mujer de mala vida y mal vivir; y hombre público, tiene una única acepción: el que participa en la vida pública. ¿Por qué será que, hombre de mundo, es el que trata con todo tipo de gentes y tiene experiencia práctica en los negocios, y mujer de mundo, es una "mundana", referido a los placeres…? ¡Cuánto queda por hacer!, aunque a esta altura de la historia a las feministas no nos corten la cabeza, (… y cuidado… que a las mujeres las matan por su condición de mujeres todos los días). ¿Por qué es tan difícil comprender que se trata de derechos y no de aprehensiones personales, de vivir en libertad, en solidaridad en respeto y comprensión?.

Una humanidad que tiene tantos años haciendo la guerra, supuestamente para conseguir la paz, sin lograrlo y no es capaz de concluir que ese método es perverso, que quizás es necesario la búsqueda de alternativas más justas, razonables y de respeto a la vida; evidentemente es una humanidad que le cuesta entender y aceptar las ideas que rompen tradiciones y costumbres, por negativas que estas sean. ¿Habrá llegado el tiempo en que deberíamos desgarrar las vestiduras de las resistencias…? En el caso de las mujeres y sus derechos, superar la abstracción formal que declara la igualdad y convertirla en realidad.

Gracias Constitución dominicana, por tener un lenguaje género sensitivo. ¡Y haréis justicia!