Un humilde primer teniente del Ejército Nacional que estaba como oficial del día demostró en la entrada principal de la sede del Ministerio de las Fuerzas Armadas lo que dijera hace unos días un general puesto en retiro, de que "todo el mundo no es delincuente". Con un gesto de amabilidad y preocupación se ocupó de comunicar a periodistas con la Fuerza Aérea. Pudiera parecer una nimiedad, pero por hacer un favor a un grupo de desconocidos el guardia traspasó lo que son sus órdenes y ayudó a que los otros realizaran su labor.
El Espía
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