Los ciudadanos no pueden ser indiferentes ante la pública degradación de la calidad de nuestra policía. La seguridad depende también de que todos cumplamos con el deber de producir la necesaria corrección fraterna, el señalamiento sincero, con propósito constructivo de lo que es necesario corregir. Los que componen la institución, oficiales superiores y subalternos, deben practicar el examen de conciencia riguroso que evite la fatal tentación de esconder faltas. Los policías, hablando por la policía como un todo, deben decir con verdadero espíritu de enmienda, como si fuera ante el más sagrado de los altares: yo confieso ante ustedes hermanos… hfigueroa@diariolibre.com
La confesión
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