Los dominicanos tienen mala suerte con los historiadores haitianos, que no sólo yerran en cuanto al pasado, sino también con el presente.
No se comparan los textos, ni se conoce lo que se escribe del otro lado, pero si se hiciera la tarea, la sorpresa haría llevar la mano a la boca, como las mujeres ante el horror.
Aunque lo que verdaderamente duele no es que hagan suyo lo que es patrimonio común, sino cómo juzgan el carácter del vecino.
En alusión a Madame Bovary, la obra cumbre del francés Flaubert, nos califican de bovaristas. Como seres que viven por encima de sus posibilidades.
Sin embargo, se las cantan y se las lloran, pues los dominicanos, con sus ensueños, adelantan más en la vida material que ellos con sus realidades cada día más degradantes.
¿Acaso no es eso lo que está planteando el último en hacer la faena? Que crucen el Masacre a pie y que ninguna autoridad se los impida.
Del mismo modo que anda el perro de Pedro por su casa.
Sólo que entonces los dominicanos no serían "bovaristas", sino, como diría Facundo Cabral, pendejos.
No se comparan los textos, ni se conoce lo que se escribe del otro lado, pero si se hiciera la tarea, la sorpresa haría llevar la mano a la boca, como las mujeres ante el horror.
Aunque lo que verdaderamente duele no es que hagan suyo lo que es patrimonio común, sino cómo juzgan el carácter del vecino.
En alusión a Madame Bovary, la obra cumbre del francés Flaubert, nos califican de bovaristas. Como seres que viven por encima de sus posibilidades.
Sin embargo, se las cantan y se las lloran, pues los dominicanos, con sus ensueños, adelantan más en la vida material que ellos con sus realidades cada día más degradantes.
¿Acaso no es eso lo que está planteando el último en hacer la faena? Que crucen el Masacre a pie y que ninguna autoridad se los impida.
Del mismo modo que anda el perro de Pedro por su casa.
Sólo que entonces los dominicanos no serían "bovaristas", sino, como diría Facundo Cabral, pendejos.