DE BUENA TINTA|13 ago|POR Diario Libre

Se salvó fray Santiago de un pique

Los homenajes no fueron tantos como las obras

No hay dudas de que al Presidente le mueve y le conmueve cada reconocimiento. Además de político, o de Jefe de Estado, es hombre de carne y hueso y hay emociones que no pueden disimularse.

La satisfacción se le nota en la cara y los abrazos de agradecimiento son más fuertes y sentidos que los dados en ocasiones normales. Lo angustiante es que algunos funcionarios han venido a descubrir esta afi- ción cuando no queda tiempo más que para lamentar ese olvido. Esa falta de detalles.

Como en la canción del bardo, no se cansan de repetir: "… si yo lo hubiera sabido…". Piensan que un gobernante tan avisado como Leonel debe tener una libreta en que registra lo bueno y lo malo.

Y que no lo hace para escribir sus memorias, para mantener los datos frescos como en una nevera, sino para recordar con quién sí y con quién no en futuras jornadas.

Aunque por suerte, pues si cada jefe de departamento se hubiera dedicado a la zalamería, en vez de inauguraciones, la agenda se hubiera llenado de homenajes.

Y Fray Santiago, el de Las Mercedes, no hubiera aguantado esa pela de quienes condena como adulones.

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