El protocolo de Danilo se quejó por lo bajo de sus pares del Palacio o de la Cancillería por la lentitud en cursar las invitaciones que irían por esa vía.
Eran las destinadas a dignatarios extranjeros o a figuras de relieve internacional.
Las comisiones no se fueron de palabras, como sucede frecuentemente entre dominicanos que gustan de acusarse de todo y por todo. El retraso no llegó a candelita, pero sí salió su humito.
Ahora el problema es el protocolo de Danilo y con invitaciones a dominicanos. Los interesados están recibiendo las suyas, pero con una falla grave y originando unos líos que los responsables ni se imaginan.
Una y sin acompañante.
Olvidan que hay compañeros o aliados o asimilados que están casados, o que no pueden andar sin su mujer, o que la esposa no deja que el marido vaya solo a nada.
Incluso, algunos se pusieron de chulos y aseguraron que asistirían, sin tener el pase en la mano, y sus mujeres, de vanidosas, compraron vestidos caros y no saben dónde lucirlos.
Ahora, o se resuelve con un pendolista o se coge lucha con el guardia de la puerta.