De buena tinta|20 ago|2|POR Diario Libre

Dónde meter la cara ahora...

Mucha gente se quedó con el traje hecho...
Los peledeístas de Danilo se quedaron esperando, pues al final se impuso la verdad que había adelantado: fueron más las cabezas que los sombreros.

Todavía no se conoce la reacción de los compañeros y aliados que se quedaron fuera, pero ese ruido viene, más tarde o más temprano.

Ojalá que nadie pierda la compostura y caiga en desatino, pues no es fácil aguantar las cuerdas de los amigos y cualquiera se las cobra con el menos indicado.

Además, la vergüenza es mala consejera.

Danilo, hay que reconocerlo, guardó silencio durante la transición, y no le dijo nada a nadie, ni siquiera de juego, como si su gente no tuviera derecho a ser feliz.

No obstante, hubo quienes se embullaron, y lo que es peor, se fueron de boca. Creyeron en confidencias de cocina, y hoy se sienten mal cuando los interpelan: "Oh, compadre, y usted no me dijo que iba para ...", un puesto que ya ocupa otro.

Trance difícil, amargo, y que no basta con tragar en seco para responder con media sonrisa: "Bueno, compadre, usted sabe cómo son estas cosas...".

Como cantaba Matamoros: "el que siembra su maíz, que se coma su pinol...".
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