¿A qué precio?
La realidad, esa que casi nunca queremos ver, nos explotó en la cara. La vida regalada que llevamos en los últimos años, viviendo una ilusión de progreso pagada con préstamos y déficit, se esfumó. El carbón monetario que hizo funcionar la máquina del crecimiento se agotó, ahora llega la hora de pagar. La administración de Medina no tiene más remedio que ser comedida, porque la medida de su éxito dependerá de rescatar el orden. Le dimos pa'lante sin pensar en consecuencias. La administración pasada fue como una fiesta organizada por adolescentes, desenfrenada. El chico es popular; pero, ¿a qué precio?
hfigueroa@diariolibre.com
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