La doble tracción
El ejemplo empieza por casa. Los tiempos de vacas flacas son para caldos y no para asados. Los famélicos ciudadanos, que somos todos, con la correa en el último botón, asistimos visualmente a este banquete de extravagancias. El Gobierno pasa por empeños financieros, entonces, no se entiende que a los que ni techo digno tienen entregue vistosas ruedas. Las calles de la ciudad muestran depresiones y elevaciones, pero no son una cordillera. Los jueces, que no van de cacería, pueden llegar al tribunal en un práctico sedan. La doble tracción la necesitarán sus sentencias para evitar los baches del poder. hfigueroa@diariolibre.com
Diario Libre
Diario Libre