Madre y Maestra
Era lunes 8 de septiembre del 2003, el Diálogo Nacional empezaba en el país; la Madre y Maestra era el escenario. Monseñor Agripino Núñez Collado nos había convocado a las 8 am a su despacho. Una hora más tarde el Presidente Hipólito Mejía daba apertura al evento. Mediante Decreto del Poder Ejecutivo había creado la estructura institucional de la convocatoria presidencial a Diálogo Nacional.
El equipo formado en la Madre y Maestra estaba compuesto por profesionales de distintas áreas y empresarios de diversos sectores y regiones, entre los cuales me encontraba. Nos reuníamos consuetudinariamente. Compartíamos ideas, proponíamos estrategias y coordinábamos mesas de trabajo. Éramos la Comisión de Alto Nivel del Diálogo Nacional
Previamente nos habíamos reunidos en múltiples ocasiones con el Presidente Mejía, la Iglesia Católica y empresarios de Santo Domingo y Santiago para discutir la necesidad de una agenda nacional de desarrollo.
El Presidente Mejía tenía tres aliados visibles que auspiciaban el proyecto, Lic. Sergio Grullón, Lic. Sonia Guzmán de Hernández y Lic. Fernando Durán.
Cuando se convocó el diálogo, la situación era compleja, el país bordeaba el pánico por la crisis bancaria. A las 9 am del 8 de septiembre se inició el proceso. Empezó puntual, tenso y con esperanza. La mayoría de los diálogos públicos empiezan con un intercambio de monólogos. Primero se desahogan, después de un tiempo, los dialogantes son más coincidentes entre ellos, que con los miembros de su propia institución o partido.
El diálogo fue el bálsamo de situaciones extraordinarias que vivía la nación. Por delegación de Monseñor Agripino terminé facilitando el tema electoral, entre el PLD, representado por el Dr. Franklin Almeyda Rancier; el PRSC, representado por la Dra. Licelot Marte de Barrios y el PRD, representando por el Dr. Rafael Gamundi Cordero. Para el gobierno y el Presidente Mejía ese era un tema de urgencia.
Este episodio del 2003 es tan solo uno de la larga cadena de aportes que la pontificia universidad ha dado al país apoyando la madures política de nuestros dirigentes y el fortalecimiento institucional de la nación. La historia de diálogos de la Madre y Maestra se remonta al 1985, cuando inició el difícil proceso de poner en marcha el primer Diálogo Tripartito, que en su primera etapa culminó con un Acuerdo Tripartito entre el Gobierno, los empresarios y las centrales sindicales, firmado en 1988. Los trabajadores, entre otras conquistas, lograron un aumento salarial, el compromiso de la revisión del Código de Trabajo y la ampliación de la cobertura de los servicios del Seguro Social. Desde entonces ha creado un historial extraordinario de mediación y diálogos públicos que enmarcan y profundizan el legado de la Madre y Maestra y Monseñor Agripino a nuestra nación.
He tenido el privilegio de trabajar en muchos países de América Latina y la experiencia nos indica que las elites latinoamericanas son renuentes y en cierta medida ignorantes de los procesos de diálogos y concertación. Sin embargo, en nuestro país, las elites son mucho más inclinadas y conocedoras de estos procesos. Este logro, entre muchos otros, es de la Madre y Maestra, la Iglesia Católica y de Monseñor Agripino por haberle creado consciencia a nuestras elites políticas y económicas de la importancia de la concertación, el diálogo y los acuerdos.
Quiero ser coherente y reiterar lo que he afirmado antes en diversas publicaciones, nuestro país ha tenido mucho acuerdo y poco consenso. Esto es, mucho acuerdo de elites y poco consenso con la base de la sociedad. Eso es cierto. Pero las elites políticas y económicas de nuestro país tienen más consciencia de los procesos dialógicos que el resto de las elites latinoamericanas.
Nos toca a nosotros y las generaciones porvenir profundizar y fortalecer los procesos dialógicos en nuestro país. Nos toca a nosotros construir más consenso con la base de nuestra sociedad. En este proceso la Universidad será un actor destacado y por supuesto, el Consejo Económico y Social - CES.
Soy un hijo de la Madre y Maestra, mi alma mater, ahí crecí, ahí me formé. Estudié mi licenciatura en la Universidad y obtuve maestrías en la Pontificia. Cuando fui nombrado académico de la Universidad de Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachusetts - MIT en su programa conjunto para la investigación y desarrollo de las negociaciones complejas, la mediación de conflictos públicos y la construcción de consenso en Políticas Públicas le presenté con agradecimiento mis credenciales al rector, pues "Madre y Maestra es mi identidad, Verdad y Ciencia son mis caminos y el universo es mi facultad".
La República Dominicana de hoy no es la del 1962. Ha evolucionado, ha sabido superarse a sí misma. Y la Madre y Maestra ha sido eso, madre y maestra de ese proceso. Ha enseñado a hacer patria, sin hacer guerra.
Diario Libre
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