Autoritarismo y Libertad
El dominicano de hoy se debate entre el autoritarismo y la libertad.
Nuestra cultura cívica es extraordinariamente autoritaria. Nos asusta tanto la libertad del mismo modo que nos encanta el libertinaje.
¡Tremenda paradoja!
Por cualquier cosa gritamos ¡tránquenlo! y ante cualquier crisis clamamos por un Trujillo que nos saque del problema.
Del mismo modo, aspiramos a vivir sin frenos morales, sin respetar las leyes que exigimos que otros cumplan y que se nos permita usar la luz, el cable y todos los beneficios de la civilización moderna sin pagar por ello.
Queremos un código que no garantice los derechos de los imputados, pero gritamos como locos ante cualquier violación a los derechos ciudadanos.
Queremos un Estado que no sea capaz de aplicarnos la ley, pero que sea bien fuerte con todos los demás.
Aspiramos a todas las exenciones, a todas las facilidades, permisos, cuotas y canonjías, pero nos molesta que los políticos hagan uso de eso mismo que calladamente queremos para nosotros.
Hable con un dominicano y quiere ir al poder a robar, pero lo que ve como "ventaja" para sí mismo lo considera corrupción si se trata de otros.
Es el individualismo llevado a su última expresión. Parecería que no hemos evolucionado desde que aquellos españoles llegaron a estas tierras vírgenes con todos los poderes y ninguna obligación.
En esos dilemas, está la raíz de nuestros problemas.
atejada@diariolibre.com
Nuestra cultura cívica es extraordinariamente autoritaria. Nos asusta tanto la libertad del mismo modo que nos encanta el libertinaje.
¡Tremenda paradoja!
Por cualquier cosa gritamos ¡tránquenlo! y ante cualquier crisis clamamos por un Trujillo que nos saque del problema.
Del mismo modo, aspiramos a vivir sin frenos morales, sin respetar las leyes que exigimos que otros cumplan y que se nos permita usar la luz, el cable y todos los beneficios de la civilización moderna sin pagar por ello.
Queremos un código que no garantice los derechos de los imputados, pero gritamos como locos ante cualquier violación a los derechos ciudadanos.
Queremos un Estado que no sea capaz de aplicarnos la ley, pero que sea bien fuerte con todos los demás.
Aspiramos a todas las exenciones, a todas las facilidades, permisos, cuotas y canonjías, pero nos molesta que los políticos hagan uso de eso mismo que calladamente queremos para nosotros.
Hable con un dominicano y quiere ir al poder a robar, pero lo que ve como "ventaja" para sí mismo lo considera corrupción si se trata de otros.
Es el individualismo llevado a su última expresión. Parecería que no hemos evolucionado desde que aquellos españoles llegaron a estas tierras vírgenes con todos los poderes y ninguna obligación.
En esos dilemas, está la raíz de nuestros problemas.
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Diario Libre
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