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opinion

La declaración lo resuelve un ¡rián!

Cuando quiten al primero se acaba el relajo...

La no declaración jurada de bienes de parte de los funcionarios es un relajo consentido por el Ejecutivo que nombra en altos cargos.

Ni más, ni menos.

Si los presidentes pidieran que junto a los curricula entregaran un inventario de sus capitales, no ocurriera. O igual dieran una llamada a los "despistados".

Nadie entiende que este problema se suscite cada cuatro años, o que se hable de transparencia y no se empiece por lo más simple.

La gente tiene o no tiene, y en caso que sí, debe saber cuánto, y si no, buscar un profesional que le haga el cálculo. La picardía de no responder ya ni siquiera resulta sospechosa.

La cuestión es clara: el funcionario que no haya colado su café claro es porque piensa beberlo a la antigua, de colador. Nadie recuerda las leyes o las normas, aunque, por igual, de nada servirían.

Las sanciones no pasan de advertencias.

Se necesita, por tanto, una voluntad superior, que ponga en su puesto a los burladores, ya no de Sevilla, sino de Santo Domingo.

Con la sola derogación de un decreto se produce un "juidero" y se corrige el mal.