El cambio social es complejo y no basta una teoría para explicarlo. Eso lo saben bien los sociólogos.
En nuestro país subsisten culturas tradicionales, modeladas en una sociedad rígida y autoritaria, que resisten el cambio. También existen reformadores que pretenden hacer cambiar la sociedad desde la estructura legal sin tomar en cuenta elementos de la realidad y de esas culturas tradicionales. El choque es inevitable.
Pero no es sólo una lucha entre lo nuevo y lo viejo, o lo tradicional y lo moderno. Es también la lucha puramente ideológica, de dar plena vigencia a modelos antidemocráticos y atrasados. La lucha entre una noche que se niega a morir y un día que todavía no puede nacer.
Es lo que estamos viendo con la modificación al código del menor.
No hay dudas de que hay menores delinquiendo, ligados a las drogas, a asaltos y que, algunos de ellos, no serán regenerados por el sistema carcelario.
Ahora bien, ¿deben todos sufrir la rigurosidad de unas penas que van a recibir casi como niños y que los mantendrá en prisión cuando ya sean adultos maduros?
Cuando ese señor salga de prisión quince años después, ¿habremos ganado un ciudadano o perdido a un joven para siempre?
¿Cuánta culpa tiene la sociedad por la conducta de esos jóvenes?
Existen otros métodos que se pueden aplicar más en consonancia con el deseo legítimo de reducir los delitos en la sociedad. Una mayor pena a los jóvenes no es uno de ellos.
atejada@diariolibre.com
En nuestro país subsisten culturas tradicionales, modeladas en una sociedad rígida y autoritaria, que resisten el cambio. También existen reformadores que pretenden hacer cambiar la sociedad desde la estructura legal sin tomar en cuenta elementos de la realidad y de esas culturas tradicionales. El choque es inevitable.
Pero no es sólo una lucha entre lo nuevo y lo viejo, o lo tradicional y lo moderno. Es también la lucha puramente ideológica, de dar plena vigencia a modelos antidemocráticos y atrasados. La lucha entre una noche que se niega a morir y un día que todavía no puede nacer.
Es lo que estamos viendo con la modificación al código del menor.
No hay dudas de que hay menores delinquiendo, ligados a las drogas, a asaltos y que, algunos de ellos, no serán regenerados por el sistema carcelario.
Ahora bien, ¿deben todos sufrir la rigurosidad de unas penas que van a recibir casi como niños y que los mantendrá en prisión cuando ya sean adultos maduros?
Cuando ese señor salga de prisión quince años después, ¿habremos ganado un ciudadano o perdido a un joven para siempre?
¿Cuánta culpa tiene la sociedad por la conducta de esos jóvenes?
Existen otros métodos que se pueden aplicar más en consonancia con el deseo legítimo de reducir los delitos en la sociedad. Una mayor pena a los jóvenes no es uno de ellos.
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