A Doña Camelia e hijos
El día 3 de octubre se conmemora el Quincuagésimo Aniversario de la fundación de la firma Manuel Arsenio Ureña, S. A. (MAU).
Siempre me comentaba Manuel Arsenio, la feliz coincidencia de que su entrada a la vida empresarial la celebraba en la misma fecha en que Monseñor Ramón Benito de la Rosa asumió el Arzobispado de Santiago, en adición a que el Centro León fue inaugurado en ese mismo día. A pesar de mi cercanía a esta querida familia, en esta ocasión me sorprendió con agrado constatar que MAU ya cuenta con medio siglo de una trayectoria muy exitosa.
Recuerdo muchas conversaciones esencialmente entrañables con Manuel Arsenio acerca de su origen campesino, de su agradecimiento a tía Mercedes por haberlo alfabetizado, de su respeto a los valores profesados por los descendientes de Don Eduardo León Jimenes, y, sobre todo, de la importancia de su inseparable Camelia en todos sus sueños y emprendimientos, así como en otros acontecimientos esenciales de su vida. Confiando siempre en Dios, Manuel Arsenio persiguió y vio realizados muchos proyectos, especialmente aquellos relacionados con la formación, consolidación y ampliación de su familia. Para ello motivó constantemente el empeño de todos en su casa con el fin de enfrentar juntos los retos del presente y del futuro, siguiendo los principios de la convivencia y la armonía.
Los que conocimos a Manuel Arsenio mantenemos estas memorias vivas y las repetimos con el orgullo de quienes fuimos sus amigos. Nos gusta contar la verdadera historia de un niño proveniente de una sencilla casa serrana que, entre conucos y deberes cotidianos, terminó fundando una empresa que ya cumple sus bodas de oro con laureles que brillan en todos sus aspectos. Esa historia de vida ha creado un anecdotario del que, como un valioso patrimonio intangible, se ha apropiado la sociedad para aprender de una ejecutoria honrada y valiosa, que trasciende el plano familiar.
No faltan quienes nos preguntan, algunos en tono medio escéptico, por la fórmula que le dio el éxito a Manuel Arsenio. Creemos, y lo hemos dicho públicamente en diversas ocasiones, que su aleccionador ejemplo de padre y ciudadano demuestra que la excelencia se obtiene sobre la base de la calidad de los principios morales y éticos que fundamentan las acciones que se deben implementar en la vida personal, empresarial, social y familiar.
En un conversatorio sobre el origen del empresariado rural dominicano que Manuel Arsenio ofreció en el Centro León, él mismo llegó a reconocer, con humildad y con modestia, que su mayor acierto fue educarse a sí mismo en las áreas clave para su despegue y creciente sustentación como comerciante y como munícipe socialmente responsable. Nosotros añadiríamos que el ingrediente más contundente, el más definitivo e importante para explicar tantos y tantos triunfos conquistados por Manuel Arsenio, fue su sentido del trabajo y del ahorro, sin lo cual no habría sido posible convertir un sencillo establecimiento comercial del área que rodea el Hospedaje en una gran corporación nacional con amplias vinculaciones internacionales.
Hace poco leí un artículo que recordaba este proverbio romano: la gloria de los antiguos es la luz de los descendientes. Si aplicamos esta aleccionadora frase al caso de Manuel Arsenio, esperaríamos entonces que todos sus hijos, bajo la orientación de Doña Camelia, se esfuercen por mantener esa luz para así siempre glorificar a su querido páter familias. En otras palabras, y a modo de corolario, podríamos anhelar: que el éxito luminoso de los descendientes demuestre que la gloria de los antiguos no proviene de la fortuna sino del trabajo, no se basa en la victoria sino en el ahorro… que así sea.
Felicidades a la familia Ureña-Rodríguez en este 50 Aniversario de MAU. Auguramos que, de seguir así, las próximas generaciones de sus descendientes celebrarán en su nombre el primer centenario de Manuel Arsenio Ureña, S. A.