Los partidos y las personas podrán discrepar sobre el impacto que un déficit del 6.5 por ciento, y que podría llegar al 8 por ciento, tendría sobre la economía del país. Lo que no se puede ocultar son situaciones insoslayables.
El caso del déficit en el sector eléctrico, por ejemplo.
Es completamente inmoral que el país tenga que buscar mil y tantos millones de dólares para financiar un déficit por falta de pago de los usuarios. Y es inmoral porque quienes van a pagar, a la larga, ese faltante son quienes no han consumido esa energía. Quienes van a pagar ese déficit nada tienen que ver con el personal supernumerario que existe en las empresas, incluyendo consejos de administración que no tienen razón de ser.
La parte del déficit generado por las obras públicas es otra cosa, aunque no la corrupción generada por obras construidas con deficiente supervisión de costos.
Lo que toca es enfrentar el déficit con energía, comenzando con las economías del propio gobierno.