El político y las redes sociales
La Vicepresidenta es una fanática de las redes
De las redes sociales puede decirse lo mismo que de la lengua en una fábula antigua: lo mejor y lo peor.
El éxito de Facebook, Twitter, etc. se debe a que dan seguidilla y el usuario no puede desprenderse de ellos ni para comer ni para dormir.
La cantidad de seguidores confirma la penetración, alcance e influencia de una persona, generalmente pública, y que se vale del medio para imponer sus reales.
El dominicano no es la excepción, y aunque luce ociosidad por un lado y ligereza por el otro, la verdad que figuras importantes se dejan atrapar por esa adicción incontenible.
La Vicepresidenta, por ejemplo.
Los fiebruses la cuentan entre sus principales y le reconocen marcas establecidas, pues informa de su vida, a veces, hasta en íntimos detalles.
Como cuándo come o lee un libro.
Incluso, esa asiduidad la pone en riesgo de que se le zafe una o se le vaya otra, como sucedió en esta semana.
Hizo un juicio muy duro de un hecho, y después, advertida del daño, lo retiró, o borró, o simplemente desapareció.
Como si no hubiera opinado.
De las redes sociales puede decirse lo mismo que de la lengua en una fábula antigua: lo mejor y lo peor.
El éxito de Facebook, Twitter, etc. se debe a que dan seguidilla y el usuario no puede desprenderse de ellos ni para comer ni para dormir.
La cantidad de seguidores confirma la penetración, alcance e influencia de una persona, generalmente pública, y que se vale del medio para imponer sus reales.
El dominicano no es la excepción, y aunque luce ociosidad por un lado y ligereza por el otro, la verdad que figuras importantes se dejan atrapar por esa adicción incontenible.
La Vicepresidenta, por ejemplo.
Los fiebruses la cuentan entre sus principales y le reconocen marcas establecidas, pues informa de su vida, a veces, hasta en íntimos detalles.
Como cuándo come o lee un libro.
Incluso, esa asiduidad la pone en riesgo de que se le zafe una o se le vaya otra, como sucedió en esta semana.
Hizo un juicio muy duro de un hecho, y después, advertida del daño, lo retiró, o borró, o simplemente desapareció.
Como si no hubiera opinado.
Diario Libre
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