Este diario publicó el día 22 de Octubre pasado, un editorial con el título "Frutos de la violencia", donde comentaba una noticia poco difundida que daba cuenta de que un grupo de estudiantes de un colegio privado y el profesor que los acompañaba, fueron asaltados por jóvenes motorizados en un barrio de la capital a donde habían ido a realizar una labor social.
Los padres de los estudiantes, preocupados por la inseguridad reinante decidieron que no van a poner en riesgo la integridad física de sus hijos, con lo cual deducimos que ese tipo de actividades de labor social no se continuará.
Una gran pérdida para todos, pero una decisión comprensible.
Sin embargo deseamos comentar acerca de nuestra personal experiencia de años recientes, en que fuimos coordinadora de las 60 horas de la labor social que debían realizar los estudiantes de un colegio privado de la capital como requisito para completar el bachillerato.
Respetando la desagradable sensación que deben tener los involucrados en la violenta situación antes mencionada, les transcribimos en los párrafos siguientes, extractos de algunas de las cartas que al finalizar las 60 horas de labor social escribieron aquellos jóvenes de 17 y 18 años.
G.R: "Es sin duda una gran lección que la vida me ha dado, ya que pocas veces valoramos lo mucho o poco que tenemos, pensando siempre que no es suficiente, haciendo gala de nuestra naturaleza egoísta al no pensar en los menos agraciados".
A.P: "Ha sido algo gratificante y a la vez muy emocionante. Me dio mucha pena observar como niños del tercer grado estudian con libros del primer grado. Jamás en la vida cambiaría ni un segundo de lo que ha sido para mí esta experiencia".
T.N: "En esta escuela de muy bajos recursos conocí profesores que con un mínimo salario dedican su tiempo y se preocupan por sus alumnos. Fue muy penoso cuando me contaron que pocos días antes de nuestra visita unos ladrones habían entrado a las escuela y robado".
P.P: "Me gustó mucho colaborar con los niños, saber que las cosas que hicimos les ayudarán y tendrán un futuro mejor. Al mismo tiempo me dio mucha pena ver en las condiciones en que tomaban clases".
V.H: "Con esta experiencia aprendí a valorar lo que tengo y abrir los ojos para ver lo que sucede a nuestro alrededor. También he aprendido a valorar a mis padres y de lo mucho que ellos sacrifican para darnos todo lo que tenemos".
A.O: "La realidad es que no nos damos da cuenta de cómo son las cosas hasta que las vemos con nuestros propios ojos, ya que es una realidad muy dura la que viven esos niños y maestros día a día".
P.V: "El recuerdo de esta experiencia permanecerá en mi memoria y estará siempre acompañado de esperanzas de un futuro mejor para nuestros niños, deseosos de aprender".
M.A.C: "Nunca antes había experimentado lo que es convivir un poquito con niños que están llenos de alegría y energía a pesar de su situación, esto me ha enseñado a darle gracias a Dios por lo que tengo, mi familia, amigos, educación y todo todo…".
C.M.T.B: "Aunque hayamos pasado mucho trabajo, valió la pena cada segundo, logré descubrir cosas que en mi vida jamás imaginaría en cuanto al estilo de vida de estas personas comparadas con las nuestras".
F.P: "Debo admitir que antes de comenzar en la labor social nunca pensé que ayudar a los demás me haría sentir tan bien, pero ahora lo he descubierto y me siento muy contenta con este hecho".
N.R: "La vida es un péndulo, las cosas van, las cosas vienen, pero ¿Qué pasa cuando no tienes la oportunidad de que las cosas se te retribuyan? En este estado vegetativo se encuentran una serie de niños cuyas situaciones personales y sociales dan mucho de qué hablar y de reclamar a las autoridades para que abran los ojos y se den cuenta de cuántos niños, cuantas miradas y cuantos sueños están bajo su responsabilidad".
M.V.O.S: "Haber visto la realidad dominicana ha marcado mi manera de ver las cosas que suceden en nuestro país. Nunca olvidaré lo importante que ha sido conocer la situación en la que viven miles de niños, padres y profesores pertenecientes a la educación pública en todo el país".
M.F.B.A: "Mi experiencia ha sido grandiosa, ya que me siento muy feliz de haber tomado una parte de mi tiempo y dedicarlo a la ayuda de unos niños que están en busca de un futuro y hacen su esfuerzo por estudiar".
S.G: "Lo que vi en la escuelita me hizo dar cuenta que en realidad necesitaban ayuda y que con una buena educación pueden ser muy importantes en el futuro".
V.F.S.A: "Al principio no estaba en eso, pero luego se convirtió en una gran experiencia ya que vimos de frente como es la realidad de la educación dominicana, que no solo es así en esa escuela, sino en casi todas las escuelas públicas del país".
M.D.P.M.S: "Ir a esa escuela causó muchas emociones dentro de mí. Me di cuenta la gran oportunidad que tenemos como estudiantes y lo afortunados de estar en el colegio que estamos".
E.GD.M: "Luego de ir a esa escuela y ver como los niños sacaban provecho al producto de nuestro esfuerzo y trabajo pude ver que al final de cuentas todo había valido la pena".
Los anteriores testimonios son el resultado de experiencias que no les podemos negar a nuestros hijos.
Debemos reflexionar antes de tomar una decisión definitiva de no permitir que los jóvenes de colegios privados dejen de aportar a la alfabetización de nuestros niños de escuelas públicas, ambos grupos se necesitan por igual.
Busquemos estrategias nuevas así como el apoyo de las diferentes instancias de nuestra la sociedad, que en la actualidad está empoderándose del tema de La Educación Dominicana.
De poco vale la educación más exquisita si no viene acompañada de la sensibilidad social imprescindible para transformar un país.
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