En la época del presidente Woodrow Wilson, intelectual, idealista, progresista y demócrata, existía una diferenciación entre el derecho al ejercicio de las libertades, reservado a pueblos maduros, y la dura enseñanza del orden y la disciplina impuesta a la brava y por las armas a pueblos considerados incultos, caóticos y desobedientes, como los de Latinoamérica y el Caribe, de acuerdo al criterio e intereses de la potencia dominante del destino manifiesto.
A continuación se muestra un ejemplo de cómo funcionaba la democracia en esta isla, en 1920, intervenida por las fuerzas de ocupación de Estados Unidos. Véase el contenido del siguiente documento.
"Memorándum 09555, del 8 de diciembre del 1920, de la Secretaría de Estado de lo Interior y Policía.
Señor….:
Tengo la satisfacción de llevar a su conocimiento que el Gobierno Militar, en esta misma fecha, ha tenido a bien nombrarlo primer Suplente del Honorable Ayuntamiento de la Común de Moca, y, en tal virtud, le adjunto la credencial correspondiente.
Esta Secretaría de Estado se complace en felicitarle por tan honrosa deferencia y espera que sus gestiones en este cargo redundarán en beneficios inestimables para esa Común.
Le saluda atentamente. P.M.Rixey Jr., Lieut Colonel U.S. M.C., For the Military Government"
El señor a quien se dirigía esta misiva, estaba en contra de la ocupación militar porque entendía que agredía el sentimiento nacional y hería el orgullo de pueblo soberano. Y luego de meditarlo, respondió nueve días después con la siguiente carta, en la que declinaba su nombramiento con una evasiva cortés, tal y como se expone abajo:
"Moca, 17 de diciembre de 1920
Señor Secretario de Estado de Interior y Policía:
Agradablemente me ha sorprendido el nombramiento de regidor del Ayuntamiento de la Común de Moca que me ha sido extendido por el Gobierno Militar y que he recibido por conducto de esa Secretaría de Estado. Sin embargo, en contra de mi voluntad le devuelvo dicho nombramiento, por encontrarme incapacitado para aceptarlo, por causas de fuerza mayor.
Yo vivo dedicado al comercio, y este negocio me absorbe todo el tiempo sin darme cabida para dedicar mi atención a ninguna otra cosa, constituyendo esto un impedimento que me priva de aceptar el referido nombramiento de regidor.
Atentamente la saluda,
Señor…."
Esta carta no fue aceptada por el gobierno militar, tal vez porque no parecía creíble en cuanto a las motivaciones que exponía, o porque constituía un desaire sutil que molestaba a la epidermis del poder. Fue así que, a apenas 5 días de haberse emitido la comunicación de no aceptación, llegó otra carta del gobierno militar, que se copia a continuación, y que de alguna manera constituía una intimidación:
"Secretaría de Estado de Interior y Policía. Número 09827. Diciembre 22, 1920
Señor…:
Se le devuelve su carta de fecha 17 de los corrientes, que acompaña el nombramiento de Primer Suplente del Ayuntamiento de esa Común, que le fue otorgado por el Gobernador Militar, a fin de que Ud. presente su renuncia ante el Concejo Municipal del cual forma parte.
Le saluda atentamente
Secretaría de E. de lo Interior y Policía: Por P.M. Rixey Jr., Lieut Colonel U.S.M.C., For the Military Government."
El Señor a quien la Secretaría de Interior y Policía le envió la carta de nombramiento era Eduardo García, mi recio abuelo, de gran carácter, que habiendo liderado grupos de mocanos en aquellas luchas intestinas de la época, y habiendo sentido el dolor de contemplar a su pueblo humillado por esa ocupación tan desconsiderada y ultrajante, mal podía plegarse a este nombramiento. Aparte de eso era cierto que estaba dedicado al comercio y tenía que alimentar a su primer hijo, mi padre, que nació en noviembre de ese año.
Llama la atención el método utilizado por el gobierno de ocupación, luego copiado y modificado por el tirano.
No se sabe si esto era una manera, como pensaba Woodrow Wilson, de "enseñar el camino de la democracia a pueblos violentos e incultos". Pues, resulta extraño, que luego de rechazar un nombramiento que no se había solicitado, se le ordenara que presentase su renuncia en el Ayuntamiento, ya que como quiera estaba nombrado.
El tirano copió más tarde este método en el sentido de que nadie podía renunciarle, aunque él exigía por anticipado la renuncia escrita del funcionario a ser nombrado, para poder quitarlo cuando quisiera.
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