El Gobierno está enviando la señal equivocada en su afán de difuminar la amenaza de protestas por parte de los choferes con motivo de la reforma fiscal, pues el pueblo va a entender que meter miedo es la forma de conseguir algo.
El Presidente personalmente se ha reunido dos veces con representantes de la mafia choferil, mientras que al pueblo no le ha hablado formalmente de lo que realmente pretende con la reforma.
De esos encuentros, los seudo sindicalistas han salido contentos y con prebendas en las manos, algunas de las cuales se les están cargando a la clase media sin miramiento alguno.
El mensaje es de miedo, pues se compra al que puede incendiar las calles y se penaliza al ciudadano bueno, que quiere ayudar a resolver los problemas, pero que espera cierta razonabilidad del Gobierno.
Es exactamente lo contrario a la razón de ser del Gobierno: proteger a los débiles de los malos. El Presidente ha escogido el camino que conduce a la dirección equivocada. Todavía puede rectificar.