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EN DIRECTO|24 nov 2012, 12:00 AM|POR Emilio José Brea García

Delitos y ciudades

En días pasados, un editorial de Diario Libre se preguntaba sobre la relación del crecimeinto urbano con el de la delincuencia, lo que me motivó algunas reflexiones.

Desde que las ciudades se expandieron sin planificación, fenómeno que empezó en los albores de la denominada "revolución industrial" ocurrida a mediados del siglo antepasado o XIX, la humanidad ha ido concentrándose en esos grandes contenedores que se definen como ciudad y en los que coexisten distintas manifestaciones culturales de la sobrevivencia humana. Desde los artesanales, hasta los científicos, son elaborados y alentados desde las ciudades. Esencialmente estas debieron ser lugares de descanso cuando el ser humano vivía solo de la caza, de la pesca y de los cultivos. Pero ese remoto criterio, no conceptual, del vivir multifacéticamente que se fue agregando a las mismas, desequilibró la coherencia básica de las ciudades y para balancearlas, se crearon, conceptualmente, las zonas urbanas. Pero estas zonificadas tenían (y tienen aún) peligrosos sectores que se lastiman en su vitalidad al fantasmagorizarse barriadas enteras cuando los centros laborales, educativos, comerciales, deportivos y de entretenimientos o esparcimientos cierran. Por estas circunstancias, los sectores habitacionales registran mermas en el comportamiento de su población, altas y bajas de flujos y usos. Todo ello caracteriza actualmente a las ciudades de gran tamaño en lo poblacional y en amplitudd de extensión territorial.

las ciudades por si mismas no son delictivas, sus ciudadanías se hacen proclives a la delincuencia obedeciendo a una serie de factores endógenos y exógenos. Los económicos son los principales. Si hubiera trabajo para todos y todas en una ciudad, esta nos parecería amable. Pero si por el contrario, amplios sectores sociales permanecen inactivos laboralmente, engendran la necesidad de adquirir bienes y servicios, al igual que sus semejantes económicamente activos y para suplir esas necesidades, recurren al delito. Las comunicaciones contribuyen muy significativamente en la expansión delincuencial. Métodos, artimañas y argucias, se ofrecen gratuitamente por los medios masivos (cine y tv), las tecnologías las apuntalan. Podría ser todo lo contrario, pero lo comercial avasalla lo necesario socialmente hablando. Todo esto puede corregirse con un buen urbanismo, planificado y objetivizado en ofrecer, a los que menos tienen o no tienen nada, todo lo que poseen los beneficados del sistema, pero sin ostentaciones ni opulencias, con austeridad y modestia. Si así se hicieran las ciudades, sin arrogancias por un lado y paupérrimas condiciones por el otro, todas las ciudades nos parecerían seguras, amables, agradables y lo que es mas importante, ningunas fueran caldo de cultivo de la delincuencia.

AM.|31 oct, 12:00 AM|
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