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EN DIRECTO|30 nov 2012, 12:00 AM|POR Manuel Matos Moquete

El imposible sueño de una persona común

Aprendió de un amigo que la envidia era el dolor sentido por el éxito ajeno y desde entonces no toma ni aspirina. Vive aliviado de ese quebranto del alma y satisfecho de los pequeños logros alcanzados por su propio esfuerzo, aspirando a no ser ni tener sino lo justo y necesario.

Lo que él ha deseado es llevar una vida regular y sencilla. Ese ha sido su sueño, en pos de esa ilusión se le ha ido la vida.

Ni las enormes riquezas ni los lujos deslumbrantes a su derredor le impresionan. Aprendió que la ambición rompe el saco, y no mira hacia esos laterales. Porque, ¿para qué?, si de nada vale pedir peras al olmo.

Solo desea ser una persona honesta. Vivir con un poco de dignidad, pan, seguridad, paz y algún disfrute nada extraordinario, como su cervecita y su playita de vez en cuando. Sabe que eso no es mucho pedir. Es lo mínimo a lo que una persona puede aspirar. Sin eso no debía ni considerarse gente e inscribirse en alguna especie infrahumana.

Entre sus metas, todas comunes y corrientes, la principal ha sido tener un empleo o un negocito al cual dedicar su vida. Es decir, una fuente de ingreso fija que le dé modestamente para su sustento y de su familia y que le asegure algún apoyo económico en caso de urgencia, especialmente en la vejez.

Hoy lo que tiene es desempleo o cuando no una pela de pluriempleos temporeros, miserables chiripas que le mantienen cansado y que no le dan ni para las tres comidas. Ha ido haciéndose a la idea de que su vejez, sin seguridad alguna, será peor que el infierno.

Desea poder comprar, no que nadie le dé por compasión, una casita con un patiecito o un apartamentito donde vivir con su familia decentemente, sin que como ahora, se vea cada mes en el sobresalto de ser desalojado por no poder pagar el alquiler de la pieza donde vive o en la necesidad de alojarme en una guarida debajo del puente o en cualquier cañada de la capital.

Su mayor sueño es garantizar un futuro a sus hijos. Darles la educación que él no tuvo para que se hagan de una profesión y puedan tener mejor suerte que la suya. Quiere también para su familia cuidados médicos y medicinas de alguna calidad al alcance de sus bolsillos y así evitar el corre corre inútil cuando se le enferma su mujer y sus muchachos.

No puede dejar de desear vivir en un barrio limpio y verdaderamente seguro con sus calles asfaltadas, alumbrado permanente y agua corriente, servicios que él estaría en condición de pagar módicamente, pero bajo la condición de que los tenga garantizados.

Hay otras cosas igualmente sencillas que él desea, pero se abstiene de expresarlas. No ve el interés, cuando todavía no ha podido lograr las más elementales. Además, por su educación cristiana, aunque solo va a la iglesia una vez al año, siempre ha sabido que la codicia y la gula son pecados capitales.

Sin embargo, no renuncia a sus sueños. Y lo que no entiende es por qué en su amado país en donde hay tantos recursos, se hace imposible para la gente común como él, reunir como un puñado de millos las pocas cosas que se necesita para vivir como Dios manda. matosmoquete@hotmail.com

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