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EN DIRECTO|23 ene 2013, 12:00 AM|1|POR Ramón Flores

El tren no espera

El esmero puesto en la formación del profesor expresa la valoración de la calidad de la educación. Porque en todos los niveles, la calidad del profesor fija el techo.

Para que adquirieran una visión apropiada del mundo y un dominio profundo de las disciplinas que enseñan, la formación de los profesores de los niveles preuniversitarios fue elevada al nivel universitario. Como fruto de ese movimiento, la carrera de educación se convirtió en una de las más populares del país; el profesor ganó un considerable prestigio social; y aunque todavía su formación no es la más rigurosa, los maestros de básica y media disfrutan del empleo más estable y están entre los profesionales mejor pagados del Estado.

Sin embargo, los programas ofrecidos fueron contagiosamente ligeros. Y los esfuerzos masivos para elevar la formación de los maestros de básica y media no estuvieron acompañados por esfuerzos similares para elevar la formación de los profesores que enseñan lengua española, matemática, ciencias sociales y ciencias naturales en las universidades. Y uno se pregunta, ¿donde se educan los miles de profesores universitarios que enseñan esas disciplinas a una población universitaria de casi 400 mil estudiantes? ¿O las decenas de miles que enseñan las aéreas básicas del currículo en un sistema preuniversitario de 2.5 millones de estudiantes? Si para enseñar en el cuarto grado de básica hoy se demanda una licenciatura, ¿qué grado académico se demanda a los profesores universitarios que forman licenciados? ¿Que porcentaje de los catedráticos universitarios posee un doctorado? ¿Qué porcentaje de esos doctores ganaron su grado en lengua española, matemáticas, ciencias naturales o ciencias humanas? ¿Ya esas disciplinas las enseña cualquiera? ¿Ya no se enseñan?

Aunque restringido por la cuestión presupuestaria y desatención política, en los últimos 20 años se introdujo un nuevo currículo. Mejoro la infraestructura. Escuelas y estudiantes fueron dotadas de materiales y equipos, desayuno, textos y mochilas. Los maestros fueron beneficiados con el fortalecimiento del SEMMA, la creación del INABIMA y la multiplicación por 20 de su salario nominal. Empero, en ese largo periodo no se logro incrementar el número de horas de docencia. Ni mejorar el rendimiento académico promedio del estudiante de básica o media.

La titulación ligera ayudó a mejorar las condiciones de vida del maestro. Pero no su disciplina de trabajo y su dominio de los contenidos del currículo. Como nadie puede enseñanza lo que no sabe, esa falta de disciplina y dominio explica parcialmente el bajo rendimiento y el estado anímico de escuelas donde el grueso de los profesores "enseña" todos los días unos contenidos que ni en sus estudios preuniversitarios ni en sus estudios universitarios les enseñaron. Porque el grueso de sus profesores tampoco los dominaban.

El mejoramiento de la calidad de la educación básica y media pasa, inevitablemente, por la atención política y la inversión masiva en la formación rigurosa del maestro. La formación rigurosa del maestro y otros profesionales pasa, a su vez, por la conformación de una masa crítica de catedráticos de lengua española, matemática, ciencias naturales y ciencias sociales, cuyo número y nivel permita revertir la tendencia de un sistema educativo donde lo poco que se sabe ya no da para comprender lo poco que se enseña.

Ojalá se acelere el paso en la conformación de esa masa crítica. Pues en un mundo dinamizado por el conocimiento, el tren no espera.

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