EN DIRECTO|23 feb 2013, 12:00 AM|4|POR Manuel Mora Serrano

Gobierno, opinión pública, ley y justicia

Como simple ciudadano estoy sumamente preocupado por los conflictos éticos y sociopolíticos que ahora mismo confronta nuestro gobierno para cumplir y satisfacer algunas de las promesas electorales. Específicamente me voy a referir sumariamente a dos o tres aspectos conflictivos.

El caso de los profesores extranjeros, es el primero. Lo que no dicen la mayoría de los que se oponen y los que no están decididamente opuestos, es que hay una razón simple: las diferencias notables y evidentes en la formación entre las clases sociales que pueden enviar sus hijos al exterior o a los excelentes colegios que tenemos, casi sin excepción, con buenos profesores de otras nacionalidades o que se formaron o graduaron fuera del país, en contraste con la gran mayoría del profesorado nacional que no tuvo esas oportunidades y estudiaron en escuelas públicas llenas de deficiencias. Los mismos que están a favor de becas para estudiantes que luego desertan o se van a otros países o le sirven a los colegios, se oponen a lo que harían esos maestros a favor de los nuestros para intentar emparejar la carga social y cultural aportando a los que no tuvieron la formación adecuada los conocimientos fundamentales, que serán los mismos que recibirían multiplicados nuestros estudiantes pobres. En eso manténgase firme presidente Danilo, porque usted sabe por experiencia, que no comió faisán para resolver problemas de aritmética, álgebra o geometría.

El asunto de la carretera Cibao-Sur y de las líneas del Metro Santo Domingo. Tenemos unas excavadoras que han costado millones sin que podamos darnos el lujo de tenerlas ociosas con tantos trabajos necesarios pendientes, ya que podrían penetrar las montañas y evitar las peligrosas curvas y sortear los abismos. Estúdiese lo conveniente, pero no permitan que se inutilicen esos millones de dólares o euros en la ociosidad.

El problema de las minas y de Bahía de las Águilas. Debemos pensar únicamente una cosa: ¿vivimos o no vivimos en un estado de derecho? En una democracia, nada debe estar por encima de la justicia. En el caso de la Barrick deberíamos esperar la decisión de los tribunales apoderados y acatar sus decisiones, porque primero que nada tenemos que pensar en la imagen que ofrecemos al mundo. Buena o mala para el país, esa decisión debe ser respetada. Punto. En el de Miranda, se ha puesto en manos de un organismo internacional, pendientes de su decisión. Sencillamente, para bien o para mal, si hemos tomado ese camino, electa una vía, hay que acatar el veredicto.

En el de Bahía de las Águilas, independientemente del asunto ecológico, que todos debemos defender, están los hechos y los derechos. Aunque el dolo todo lo corrompe, en nuestro derecho, para bien o para mal, existe la figura jurídica de la prescripción. En otros países no. Si el asunto está en los tribunales y no lo han fallado, lo aconsejable simplemente es esperar el fallo como ha reconocido el Presidente al suspender las negociaciones. Pero ese veredicto debemos respetarlo, sea a favor o en contra de los intereses que fueren. En todos estos casos el Señor Presidente de la República ha sido prudente y aunque haya hecho promesas, ha escuchado las voces y los gritos que se dan ahora, pero que nunca se dieron antes con esa estridencia para oponerse a lo ya consumado.

Vivir en una democracia que queremos fuerte y verdadera conlleva grandes sacrificios. Nadie ve lo que el país ha avanzado en muchos aspectos, no sé si es que soy optimista en algunos renglones, pero en aquel país que educaron los boricuas Hostos y Baldioroty de Castro, que sentaron las bases de la formación laica con énfasis en el razonamiento, se formaron los intelectuales más grandes que honran nuestras letras empezando por Pedro Henríquez Ureña, su madre y sus hermanos, culminando con Bosch, Balaguer, Mieses Burgos y un enorme etcétera y en esas escuelas tuteladas por extranjeros no había desayuno escolar ni las facilidades que dan las tecnologías modernas. Por sus frutos los conoceréis.

Por todo ello, señor Presidente Danilo Medina, siga ayudando a los agricultores, no a los vagos politiqueros como sucedía con la reforma agraria que casi nunca los favoreció y por eso fracasó estrepitosamente; continúe tratando de cumplir sus promesas electorales sin dejar de oír a su pueblo, pero respetando las leyes, malas o buenas, las nuestras, y los fallos judiciales; aceptando y reverenciando las decisiones de la majestuosa Themis, porque donde se respetan las leyes y el derecho, las protestas no tienen razón.

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