EN DIRECTO|04 mar 2013, 12:00 AM|6|POR Rafael Nuñez

Bahía delas Águilas y Pueblo Viejo

Hay quienes pretenden manipular los hechos vertiendo sandeces en torno a la actuación del gobierno del presidente Leonel Fernández en la firma del contrato entre el Estado dominicano y la empresa canadiense Barrick Gold.

En ese coro se distinguen dos líneas claras: una primera la representan quienes tienen posiciones partidistas conocidas, y unos que otros camuflados, que se dicen defensores legítimos del patrimonio nacional. La irracionalidad partidista de los primeros, ha llegado a tal extremo, que esos politicastros son capaces de enmendarle la plana a Dios por permitir que Leonel Fernández haya logrado a los 60 años, los éxitos intelectuales y políticos que exhibe.

Otros maledicentes se ubican en trincheras distintas, aunque coincidentes, con la intención de engatusar con el tema del manejo al contrato firmado por la administración Fernández, en un afán por convencer al país de que ése u otro proyecto similar o parecido, constituyen un crimen. Con ese discurso se ubican los ortodoxos que rechazan cualquier propuesta de desarrollo, por sensata que sea. Los llamados defensores del medio ambiente y los recursos naturales están en su derecho de proteger los presupuestos de las ONGs y ciertos intereses corporativos empresariales.

En el tema de Bahía de las Águilas, por ejemplo, salieron a reclamar los mismos sectores. Quienes han tenido la oportunidad de visitar la Riviera Maya (antiguo corredor Cancún-Tulum) son testigos de la riqueza cultural, histórica y en recursos naturales de esa costa caribeña, ubicada en el Estado mexicano de Quintana Roo. En los 33 kilómetros de aquel yacimiento arqueológico Maya, hay toda una oferta hotelera moderna de baja densidad habitacional, que disputa a la exuberante hermosura de las playas dominicanas.

Alrededor de 365 hoteles de clase internacional, que suman unas 41 mil habitaciones, algunos con categoría 5 estrellas, buena parte de ellos con el sistema de todo incluido, ha convertido a la Riviera Maya en destino obligado en el Caribe. Este polo turístico es capaz de combinar las atracciones tradicionales del turismo de sol, playa, casino y deportes extremos con lo histórico. Este lugar sigue albergando una de las civilizaciones indígenas más importantes de Nuestra América, como denominó el apóstol cubano José Martí al continente.

Los restos de la cultura Maya están intactos, preservados y cuidados por los propietarios, empleados y pobladores de aquella amplia zona, así como por los millones de turistas que visitan la Riviera Maya cada año. El bosque, la selva, la fauna, las tradiciones indígenas, los lugares arqueológicos y las playas vírgenes; todo, se cuida con el mismo esmero.

En la Riviera Maya-se puede afirmar- el hombre ha sabido aprovechar la naturaleza sin agredirla, como parte de un plan del desarrollo turístico sustentable, de manera que sus pobladores no se mueran de hambre, como ocurre con los dominicanos y dominicanas que viven desde Paraíso hasta Pedernales.

Hay algunos "ilustrados" que creen que éste es un país de borregos, cuando se atreven a plantear que Bahía de las Águilas y la riqueza mineral que aguarda en las profundidades de nuestras cordilleras deben quedarse en sus entrañas, aunque sus habitantes estén postrados en la más abyecta miseria. Que los títulos falsos hay descubrirlos y anularlos. Eso no se discute. En la primera administración Fernández se persiguió la titularidad falsa de terrenos de vocación turística en la zona, y en estos últimos años, una comisión designada por él, trató de buscar una solución.

Ahora bien, asumir la posición de no aceptar engaños en la titularidad, no es contradictoria con la de permitir que haya un desarrollo turístico sustentable, como sucede en la Riviera Maya.

En otro orden de ideas, fue el gobierno de Hipólito Mejía, que en el 2003 hizo aprobar el contrato con la Barrick, y el Congreso perredeísta el que sancionó los términos originales. ¿Qué es lo que se le cuestiona, entonces? Tal como acertadamente señalara el presidente Danilo Medina, cuando la empresa canadiense compró las acciones a Placer Dome, el precio del oro cerró a 555 dólares la onza. El año siguiente, Barrick Gold solicitó al gobierno la flexibilización de los aspectos fiscales del contrato que el gobierno había acordado con Placer Dome, pues la crisis económica local de 2003, les cambió los esquemas. El 27 de septiembre de 2007, fecha en que la onza de oro se cotizaba en 732 dólares, la Barrick Gold pidió al gobierno flexibilización, lo que la administración Fernández comprendió.

¿Qué pasó de ese año a esta parte? Que los precios del oro se dispararon hasta llegar a 1,900 dólares la onza, por lo que se desprende que los aspectos del contrato deben cambiar para que el Estado dominicano reciba mejores beneficios. ¿Hizo el gobierno de Fernández mal negocio, o estaba en condiciones de prever el alza en el oro, derivada de la crisis financiera global, como quieren hacer creer algunos deslenguados ? No.

Es que en el año 2007, como explicó el presidente Medina, nadie podría imaginarse que los precios del oro iban a llegar a esos niveles, lo que se explica por la situación de esa crisis financiera, decretada por el gobierno de los Estados Unidos el año 2008.

Lo sensato, racional y justo es que los ejecutivos de la Barrick Gold sean flexibles, como lo fue el Estado en su momento. La intransigencia no se corresponde con la actitud inteligente con que se tienen que manejar los negocios en tiempos modernos, de agitada conflictividad social.

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