EN DIRECTO|12 abr 2013, 12:00 AM|4|POR José Alfredo Prida Busto

La felicidad de lo poco

Subía despacio por la escalera, camino a mi cuarta planta, y me descubrí sonriendo. Me sentía feliz. Busqué la causa de esa felicidad que hacía aflorar la sonrisa a mis labios y me sorprendí al darme cuenta de que era algo muy simple. Algo que siempre había estado ahí, pero no le prestaba atención.

En el edificio donde vivo, la bomba de agua dejó de funcionar. Ni una gota. Un Jueves Santo. Escasísimas esperanzas de conseguir a alguien que nos ayudara a resolver el problema. Subía sudado y cansado a mi casa a esperar que llegara un poco del imprescindible líquido. Había estado luchando por conseguir mangueras y ayuda de otros vecinos para llenar el tinaco auxiliar y poder paliar la incómoda situación.

En el camino de subida, tuve tiempo de analizar mi sentimiento. Me sentí feliz porque iba a poder hacer el aseo de mi cuarto de baño, aunque fuera por arribita, y podría bañarme, aunque fuera con un jarrito. ¡Bañarme, refrescarme y sentirme limpio y descansado! No iba a tener agua a raudales saliendo de la ducha, no iba a poder lavar la ropa ese fin de semana y quizá no habría suficiente para fregar todos los platos, pero eso no era importante.

"¡Cuántos contratiempos!", pude haber pensado y, de ese modo, haberme amargado el día y el fin de semana, que para remate iba a ser largo. Pero, milagrosamente, no lo hice. En vez de ello, pensé en lo satisfecho que estaba por tener agua, aunque fuera un poquito. Era como un premio. Sentí alegría. Y agradecí infinitamente poder sentirla.

Y comparé. No pude evitarlo. Comparé los momentos en que me rodeaba la abundancia, en este caso, de agua, y no pensaba en la gloria que es tener eso. Ni siquiera pensaba en que tenía agua y en que el agua es tan importante. Usualmente, lo doy todo por sentado. Como que siempre tiene que ser así y nunca va a cambiar.

Hace varios días que estamos en esto. La situación no ha podido solucionarse aún, pero todos mantenemos la calma y estamos a la espera de que llegue el momento de poder resolver el problema. He meditado mucho en lo que por tanto tiempo he escuchado, eso de que cada situación, por desesperante que sea, siempre trae su carga de cosas buenas. Es cierto.

Como satisfacción adicional, he tenido un bonito intercambio con mis vecinos. En casi un año de compartir esta estructura de bloques y cemento que llamamos condominio, no habíamos tenido oportunidad de conversar animadamente como lo hemos estado haciendo estos últimos días mientras trabajamos juntos para procurarnos "el precioso líquido", como se le llama.

Ya nos conocemos mejor. Y nos hemos reído juntos. Porque, afortunadamente, todos se han tomado el asunto de la misma manera. Hasta nos sentamos un día en la escalera de servicio a hablar mientras esperábamos que se llenara nuestro tinaco.

Esta situación me ha puesto a pensar en todas las cosas que, como sociedad, tenemos por montones y que no sabemos o no queremos apreciar. Y me apena ver el derroche, el despilfarro, la falta de conciencia de lo que tenemos y por lo cual debemos agradecer.

Y pienso, iluso yo, en un programa para hacer que la gente se dé cuenta de lo que tiene. Y, así como hay un "Día del Amor", o un "Día de las Madres", hacer un "Día de la Falta de una Cosa". Por ejemplo, un "Día de la Falta de Combustibles", o un "Día de la Falta de Agua", o de luz, o de cualquier cosa que consideremos básica para vivir cómodamente. ¿Qué pasaría?

Imaginemos un día, programado, eso sí, en que se le informe a todo el mundo que no se expenderán combustibles. O que no habrá energía eléctrica, o agua (aunque en algunos sitios resulta muy difícil toparse con esas dos señoras…). Espero darme a entender. No pretendo que la gente no pueda transportarse, o que se le dañen sus alimentos en la nevera, o que no pueda bañarse. Sólo que aprendamos a valorar lo que tenemos. Que no lo demos todo por sentado, porque no siempre va a ser así. Lo pueden jurar.

¿Me atreveré a publicar esto, o temeré que me quieran crucificar por tan osada propuesta? Mientras tanto, yo he tenido mi Epifanía. Y estoy agradecido por ella. Después de una experiencia como esta, ya todo cambia. No hay vuelta atrás. Puede parecer presuntuoso de mi parte, pero creo que hay cosas que solo pueden ser apreciadas por los que tienen un poco de conciencia y algo despierta el alma. Para los demás, no existe la felicidad de lo poco.

alprida@yahoo.com

Yo estuve ahí Si fuiste testigo de esta noticia envianos más informacion aqui...

Enviar
Anuncios Google
Powered by OverKontrol - Omnimedia 2013 © Todos los derechos reservados.