¿Mejor alimentados? Sí
Se escuchó un murmullo el otro día cuando se anunció que la FAO, el órgano de las Naciones Unidas que se ocupa de la alimentación, escogió y premió a la República Dominicana como uno de los países que ha hecho un gran esfuerzo para disminuir el hambre.
Como a los dominicanos parece que nos encantan las noticias negativas y rechazamos las positivas, este anuncio no fue recibido con aplausos. Pero el reconocimiento de la FAO se basa en datos incontrovertibles.
Un solo dato lo dice todo: el programa Solidaridad entrega ayuda a unas 850 mil familias. Si cada una de esas familias tiene tres miembros, estamos hablando de casi tres millones de personas, es decir, cerca de la tercera parte de la población dominicana que está comiendo, gracias al esfuerzo del Gobierno, de éste y de los anteriores.
Si poner a comer a un tercio de la población no es hacer un esfuerzo para reducir el hambre en un país, que me digan qué otra medida se puede tomar.
Esto no quiere decir que estemos hablando de comida gourmet en vajillas de plata, sino de que esas ayudas impiden que esas familias se mueran de hambre, como era el caso en el pasado.
Se podrán criticar aspectos del programa, que siempre podrán ser perfeccionados, pero el reconocimiento de la FAO está plenamente justificado.
Comencemos a reconocer lo bueno, sin importar quién lo haya hecho. Una política de Estado no pertenece a nadie en particular. Al menos felicitémonos por un logro merecido.
atejada@diariolibre.com
Como a los dominicanos parece que nos encantan las noticias negativas y rechazamos las positivas, este anuncio no fue recibido con aplausos. Pero el reconocimiento de la FAO se basa en datos incontrovertibles.
Un solo dato lo dice todo: el programa Solidaridad entrega ayuda a unas 850 mil familias. Si cada una de esas familias tiene tres miembros, estamos hablando de casi tres millones de personas, es decir, cerca de la tercera parte de la población dominicana que está comiendo, gracias al esfuerzo del Gobierno, de éste y de los anteriores.
Si poner a comer a un tercio de la población no es hacer un esfuerzo para reducir el hambre en un país, que me digan qué otra medida se puede tomar.
Esto no quiere decir que estemos hablando de comida gourmet en vajillas de plata, sino de que esas ayudas impiden que esas familias se mueran de hambre, como era el caso en el pasado.
Se podrán criticar aspectos del programa, que siempre podrán ser perfeccionados, pero el reconocimiento de la FAO está plenamente justificado.
Comencemos a reconocer lo bueno, sin importar quién lo haya hecho. Una política de Estado no pertenece a nadie en particular. Al menos felicitémonos por un logro merecido.
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