EN DIRECTO|01 jul 2013, 12:00 AM|9|POR Rafael Nuñez

El caso Snowden, asunto de traición y ética

"Tiene todas las virtudes que detesto y ninguno de los vicios que admiro". Winston Churchil.

Independientemente de las razones que, sobre derecho internacional, ética, moral y hasta ideológicas, se pudiesen alegar contra las intenciones de Estados Unidos para procesar en los tribunales de su país a un ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional (ASN) y la Central de Inteligencia Americana (CIA), no está bien que una persona que sirvió para la empresa contratada por el gobierno filtre informaciones confidenciales que perjudican al cliente para el que comprometió su ética y profesionalidad.

Edward Snowden, un joven de 29 años que laboraba para la empresa contratada por la ASN y la CIA, alega una serie de motivos que, en primera instancia, aparentan ser razonables ante los ojos de gobiernos fisgoneados por los Estados Unidos, así como ante millones de norteamericanos que fueron enterados por Snowden de que están bajo la lupa espía de las referidas agencias.

Fue la traición lo primero que saltó a la vista cuando el diario norteamericano Washington Post y el británico The Guardian dieron la primicia de que Snowden desertó desde Hong Kong cargando consigo informaciones confidenciales de los organismos de seguridad del Estado, muchas de las cuales revelan que el gobierno de los Estados Unidos desarrolla el proyecto PRISM, dirigido al espionaje de los servidores de Google, Facebook, Yahoo y otras grandes empresas de tecnologías de la información y la comunicación.

Para justificar su actuación, el joven experto en informática alega que el gobierno de su país espía los servidores de las referidas empresas para tener acceso a informaciones que pudieran ser sensitivas sobre países, ciudadanos estadounidenses o extranjeros, a los fines de tomar medidas preventivas. Se sabe que los gobiernos de Estados Unidos, especialmente después del 11 de septiembre a partir de cuando se aprobó la Ley Patriot, emprenden acciones consideradas cuestionables desde el punto vista del derecho internacional, los derechos humanos, de los convenios, acuerdos y la violación de la soberanía de otros Estados.

Dos de los casos más criticados en ese tenor, tienen que ver con los apresamientos e interrogatorios a sospechosos de terrorismo en la Base de Guantánamo, en Cuba, que de acuerdo con las denuncias hechas, los métodos para sacar confidencias son inenarrables, aparte de otras violaciones. El otro ejemplo tiene que ver con la operación de los drones, que son aviones espías no tripulados, que sobrevuelan espacios de otros países para cazar a "enemigos" de los Estados Unidos.

Citados estos ejemplos, hay otras actuaciones más pesadas que se pudieran endilgar en el plano del derecho internacional contra los Estados Unidos. Ahora bien, estamos ante el caso de un ciudadano norteamericano que fue contratado por su gobierno, por medio de una compañía, para hacer trabajos confidenciales, quien unilateralmente decidió dar a conocer el proyecto para el cual trabajaba. Desde el punto de vista ético-profesional, Snowden actuó incorrectamente. Cuando una empresa privada es contratada, incluso en situaciones menos delicadas que el caso en cuestión, se firma un documento de confidencialidad que todos los ejecutivos y empleados están obligados a honrar. Si alguien de los contratados no está en capacidad de cumplir, por la razón que sea, solo tiene que dimitir, y si tiene información no las puede dar a conocer.

No está bien que Snowden haya pasado un tiempo razonable teniendo acceso a informaciones confidenciales para luego salir a divulgarlas. Si ciertamente Estados Unidos pudiera estar faltando ante sus ciudadanos y los países con los cuales tiene relaciones diplomáticas, tampoco Snowden actuó con responsabilidad, pues se supone sabía el tipo de trabajo que haría la empresa para la cual laboró, y a quién iba a servir ese trabajo. No actuó apegado a los códigos deontológicos que amparan su profesión, los que estaba obligado a cumplir. Si ciertamente se pudiera alegar que Snowden actuó con libertad, por otra parte se afirmaría que no lo hizo con responsabilidad. Para ser un hombre libre, primero hay que ser responsable.

Al volar de China a Rusia, donde se encuentra en un espacio considerado en tránsito o "tierra de nadie", Snowden ha generado un escarceo diplomático entre las tres grandes potencias y Ecuador. China, acusada por Estados Unidos por dejarlo escapar; Rusia, que no se decide a entregarlo aduciendo que no ha cruzado la frontera, y Ecuador arrastrada en la disputa porque el joven norteamericano habría pedido asilo a esa nación suramericana, que ya tienen el precedente de proteger por más de un año a Julian Assange, el fundador de Wikileaks, perseguido por razones parecidas.

Los dos casos se parecen, pero se debe tener cuidado al compararlos. Assange no puede ser acusado de violar la ética, o alguna disposición legal, ni mucho menos de traición, pues es australiano, no norteamericano. El es propietario de una empresa que usa un portal digital, mediante el cual se dieron a conocer documentos secretos cedidos por un militar de los Estados Unidos, quien está detenido esperando condena. Hay que recordar que no solo fue Wikileaks que dio esa primicia, sino que The New York times, The Guardian, Le Monde y El País también desplegaron en primera página esas informaciones secretas. Sin embargo, ninguno de sus directores y propietarios son perseguidos judicialmente por el gobierno norteamericano.

Los correos electrónicos, telegramas y otros documentos secretos de interés para los Estados Unidos y divulgados por Assange no fueron robados por éste, pero tampoco en el momento de su obtención, el australiano era empleado de alguna agencia norteamericana, ni contratista.

El caso Snowden tiene implicaciones geopolíticas. China actuó con inteligencia al quitarse ese muerto de encima. Rusia podría tener otros motivos para mantener al joven en el "limbo", pues podría servirle para presionar con el fin de conversar con el gobierno norteamericano para que flexibilice su posición en la región, especialmente en relación a Siria e Irán. Se sabe el rol que ha jugado el Kremlin en los organismos internacionales respecto de los gobiernos de Damasco y Teherán.

No es fortuito que al término de la pasada semana, y mientras hacía una gira por África, empañada por este caso, el presidente de Estados Unidos, Barak Obama, le haya quitado presión al caso Snowden, de manera de no convertirlo en la piedra en el zapato, teniendo otros temas más relevantes como los que tienen que ver con el control territorial de la zona.

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