EN DIRECTO|02 jul 2013, 12:00 AM|1|POR Eduardo García Michel

Reactivación sana

En el año 2012 la economía sólo creció en 3.9%%, a pesar del déficit fiscal histórico que se produjo de alrededor del 8.5% del PIB. No siempre ocurre que a mayor gasto público haya crecimiento más elevado.

El lastre agobia. La economía internacional es un lastre. E internamente lo es la carga de intereses de la deuda y el peso de los subsidios, incluyendo el eléctrico.

Una lancha rápida se movería con lentitud o se pararía, si se lanzara el ancla al agua. Si se quisiera reanudar el viaje habría que recogerla, o por lo menos aligerar el lastre, en vez de ponerlo más pesado.

Al finalizar el mes de abril se registró en las cuentas fiscales un superávit de RD$1,392 millones, al sumar ingresos y restar gastos. Si se considera el financiamiento neto recibido, se produjo un déficit de RD$46,123 millones. Lo primero puede verse como el resultado de políticas sanas. Lo segundo como la expresión virtual de que el déficit potencial podría tender a ser mayor al proyectado, si no se adoptaran las medidas apropiadas.

Hay mucha liquidez en el gobierno por el ingreso de los recursos del bono soberano, y eso tenderá a convertirse en déficit tan pronto como se realice el gasto. Hay también aprehensión por lo que se dice o no se dice en los corrales de opinión. Y eso puede y de hecho lleva a la adopción de decisiones impulsadas por la corriente cortoplacista.

Hasta ahora ha habido beneplácito por la atención prestada a pequeñas obras y por la distribución de su ejecución a muchos contratistas. Pero de pronto se ha formado un rumor que sugiere que la solución son los megaproyectos y entregar las obras a los mismos grupos.

En economía los resultados no se producen por generación espontánea, ni tampoco en lo inmediato. Es fundamental mantener la brújula bien sostenida, con buen pulso. Y no olvidar que los errores del pasado tienen que ser corregidos, y que un desajuste tan grande como el que ocurrió no se alivia con nuevos desajustes, más bien se agrava.

Hay que advertir que la "sugerencia" de que la dinamización de las actividades es función de más gasto público financiado con más deuda, puede que sea una gran trampa, porque lleva inevitablemente a consolidaciones fiscales duras, restrictivas, recesivas, y hasta explosivas.

El ímpetu en el gasto público solo es productivo si coincide con un marco en que se estimule la participación privada y se fortalezca la confianza. Esa es la pócima mágica. Entre sus ingredientes están que el esfuerzo transparente se oriente a resolver problemas, algunos ya demasiado viejos.

La economía crece porque la actividad económica, que es privada en su esencia, lo hace, no porque se gaste más contratando más deudas. Peor aún si ese gasto se concentra en obras de escaso valor agregado nacional.

En el lado monetario hay vientos que mueven las aspas y un movimiento que las ajusta hacia la dirección que le marca la brisa.

En las últimas semanas han ingresado alrededor de US$1,500 millones por financiamiento recibido por el sector público. Y aunque las reservas internacionales se han incrementado, no lo han hecho en la misma medida, y más bien luce que se han estado utilizando para moderar la expansión monetaria, cuyo grifo en moneda local se abrió por medio de la liberalización del encaje. Es decir, cambiando pesos por divisas prestadas.

De nuevo se produce la contradicción que mueve la dialéctica, pero que si no es manejada con visión larga podría dar un susto inesperado. ¿Inesperado? Así lo avisa el FMI en su reciente informe.

Hay que fortalecer las reservas internacionales sistemáticamente y lograr que sean generadas por la economía. Eso implica hacerse competitivos a través de las actividades formales, que son las que otorgan protección social. También que la relación de precios sea favorable a los sectores expuestos a la competencia internacional. Y que las tasas de interés se mantengan bajas en el largo plazo, no en períodos cortos únicamente.

Un Estado sobrio y racional, empeñado en la solución eficiente y oportuna de problemas (educación, salud, seguridad social, electricidad, transporte, seguridad, entre otros), con la meta de déficit bajo, y con el propósito de hacer competitiva la economía, acumular reservas y mantener bajas las tasas de interés, es garantía segura de reactivación sana y duradera de la economía.

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