EN DIRECTO|12 jul 2013, 12:00 AM|1|POR Héctor Rodríguez-cruz

La pobreza de RD tiene rostro infantil

Pocas veces los dominicanos hablamos en serio de la pobreza en el país, a pesar de que ésta constituye quizás el mayor problema nacional, según se evidencia en las cifras que dan cuenta de esta situación. El IX Censo Nacional de Población y Vivienda (2010) estimó la población total en unos 9.4 millones. De éstos, casi la mitad de la población vive en situación de pobreza y una tercera parte vive en situación de pobreza extrema. ¡Cifras trágicas y amargas!

La pobreza representa una "merma de la democracia y del desarrollo humano". Por lo tanto, vistos los niveles de pobreza existentes en el país y la estrecha relación entre desarrollo humano y democracia, tendremos que admitir que en República Dominicana tenemos una «mediana calidad de democracia». Tal como expresa el PNUD (2010): "El desarrollo humano es el proceso de expansión de las oportunidades de del ser humano, entre las cuales las tres más esenciales son disfrutar de una vida prolongada y saludable, adquirir conocimientos y lograr un nivel de vida decente. Otras oportunidades incluyen la libertad política, la garantía de los derechos humanos, el respeto a sí mismo y la capacidad de interactuar con otros sin sentirse avergonzado de aparecer en público". Desde esta perspectiva, la referencia principal de la pobreza ya no es el ingreso o la renta, sino el proceso por el cual las personas alcanzan o no el bienestar. Ahora la pobreza se considera multidimensional, es decir, como un indicador que refleja el grado de privación en diferentes dimensiones.

Según el Análisis de la Situación de la Infancia y la Adolescencia en la República Dominicana (2012): "La pobreza afecta a una proporción mayor de niños, niñas y adolescentes que de la población adulta. Se puede afirmar que la pobreza y la indigencia en la República Dominicana tienen un rostro predominantemente infantil". En otras palabras, destaca el mismo documento, 1.8 millones de las niñas y niños dominicanos viven en la pobreza y representan el 46% de toda la población pobre del país, cuando la población menor de 18 años representaba el 36.25% de la población general, según el Censo 2010. De la misma manera, en el 2010, el 17.3% de la población infantil (aproximadamente unos 600 mil niños y niñas ) vivía en hogares de pobreza extrema, lo cual representa el 55% de toda la población en indigencia. Con valentía cívica e indignación hay que proclamar a los cuatro vientos: "La pobreza está matando el futuro de la Patria dominicana"… "Tenemos una Patria empobrecida y hambrienta"…

Pese a que la pobreza hiere, lacera, golpea, lastima, marca y denigra por igual a grandes y pequeños, los niños, niñas y adolescentes son los más vulnerables a sus efectos. Estos efectos han sido analizados en estudios de la pobreza como un sistema social, cultural y psicológico. Así, Acevedo (1996), nos presenta un largo y lastimoso listado de factores que influyen en la vulnerabilidad en los sectores pobres: "carencia de recursos económicos, escasa participación en las redes comunitarias, deficiente comunicación entre líderes y bases, cultura de producción de subsistencia, trabajo infantil, aprendizaje modélico negativo (delincuencia, drogadicción, alcoholismo, etc.), contexto de alto riesgo, deterioro ecológico del espacio, comunicación no-afectiva, deprivación afectiva, carencia de recursos de apoyo".

Según el mismo autor, se suman también a esta trágica lista otros factores de vulnerabilidad derivados de la convivencia con adultos en ambientes pobres o empobrecidos y que afectan sensiblemente a los niños, niñas y adolescentes, tales como: conflictos conyugales, violencia intrafamiliar y maltrato, paternidad o maternidad a edad temprana, ausencia de uno o ambos progenitores, débil control de los hijos, ausentismo, deserción y abandono escolar, expresión ofensiva de trastornos psicológicos, conductas de riesgo, participación en pandillas, viviendas pequeñas y en pésimas condiciones, hacinamiento, baja autoestima personal y familiar. Agregamos otras: desesperanza, actitud derrotista y perdedora, fatalismo y, sobre todo, la desnutrición con su amplia secuela de daños físicos, psicológicos, escolares y morales. La tragedia de la pobreza que padecen los niños, niñas y adolescentes se vuelve más devoradora debido a que no podrán salir solos de este atolladero social, ya que al decir de Stiglitz, a los que nacen en la pobreza les resulta tan difícil huir de ella que los economistas se refieren a esta situación con el término «trampa de la pobreza». También habremos de considerar como un mito aquello de la «igualdad de condiciones».

Y obviamos la pregunta: ¿qué debe hacerse? Tampoco preguntaremos qué ha pasado con las obligaciones y esperanzas cifradas en los Objetivos de Desarrollo del Milenio para combatir la pobreza. Nos limitamos a repetir lo que expresa con fuerza Ronald Dworkin (1977): " La igualdad política, sin la cual no puede existir democracia, no es únicamente la atribución a todos los ciudadanos de los mismos derechos; es un medio de compensar las desigualdades sociales, en nombre de derechos morales… Supone que los miembros más débiles de una comunidad política tienen derecho a una atención especial y a un respeto de sus gobernantes iguales a los que los miembros más poderosos se confieren a si mismos, de modo que si algunos individuos tienen la libertad de tomar decisiones, cualesquiera sean sus efectos sobre el bien común, todos los individuos deben tener la misma libertad" (Taking rigths seriously, pag. 199). A la luz de todo esto decimos también: "el que tenga oídos para oír, que oiga; y el tenga ojos para ver, que vea", para no esconder la vergüenza ni el compromiso.

Y que no nos digan que "los pobres son los responsables o culpables de su pobreza". No es así. Tal como lo afirma del Dictamen sobre la Pobreza del Comité Económico y Social de la Comunidad Económica Europea, hoy Unión Europea, (1989): "Nadie puede a priori ser considerado responsable de su pobreza… La pobreza es un sufrimiento y una injusticia tal que ninguna de sus víctimas podría desearla para sí (resaltados en el original). Lo que sí deben saber los pobres es que la pobreza es una denegación fundamental de los derechos humanos, frente a lo cual deben asumir una conciencia crítica y transformadora. Porque los niños "son el futuro de la patria", rechacemos el que vivan en una "patria empobrecida y hambrienta", exijamos un "rostro decoroso" del bienestar que reivindique el rostro entristecido y humillado por la pobreza infantil en la República Dominicana. c.c. al FMI.

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