Señor Presidente, en el año 2013 fui beneficiado con una beca del MESCYT para hacer un máster en una universidad de Madrid. Días antes de mi partida, fuimos convocados a un acto protocolar encabezado por usted, y en su emotivo discurso nos hizo la promesa de que a nuestro regreso al país íbamos a tener un empleo asegurado.

Hace dos años regresé al país después de vencer las muchas voces que me aconsejaban quedarme en aquel país lejano, cumpliendo así con lo estipulado en el contrato firmado con el MESCYT, el cual dice que una vez terminado el máster debemos regresar al país, y registrarnos en una bolsa de empleo que dicho sea de paso no funciona. Los primeros días en Madrid fueron muy tediosos, ya que la manutención llegó después de cinco largos meses pasando el Niágara en bicicleta.

Pero, ¡¡¡vaya sorpresa!!! Regreso a mi adorada tierra con la ilusión de lo prometido por usted, de que tendría un empleo digno, y ya van dos años tocando puertas, y nada. Cumplo con el contrato, me registro en la bolsa de empleo, y lo más importante de esto es que queriendo ser más honesto y serio de la cuenta, devolví al MESCYT la hermosa suma de 7,400 euros que me habían pagado demás por concepto de manutención.

A todo lo anterior súmele la cantidad de personas cobrando un sueldo sentadas en su casas (botella), y muchas otras ocupando puestos sin la debida preparación, mientras que a los que sí estamos preparados y con deseos de servir a la patria nos está llevando ya usted sabe quién. Esta situación, como a muchos otros jóvenes me tiene decepcionado de este país, donde prima la corrupción y la mediocridad. No se equivoca el poeta al decir que este país no merece el nombre de país, ¡sino de tumba!

ATT. Un desempleado y decepcionado más del montón.

Jorge Gerónimo

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