18 OCT 2016, 12:00 AM

Policías


Las protestas llevadas a cabo en las calles y en las redes sociales por miembros de la Policía y de sus familiares merecen una atención especial, tanto del gobierno como de la sociedad en general.

Nadie puede discutir que los sueldos de los agentes son ínfimos. Difícil, más que eso, imposible, mantener una familia en condiciones mínimas con los sueldos que devengan. Al mismo tiempo, el elevado número de delitos en los que se denuncia la participación de agentes del cuerpo mueve a la población a desconfiar de una de las instituciones troncales para la seguridad y el desarrollo social.

No es un tema que haya que tomar a la ligera. Las protestas tienen su fundamento, y aunque la disciplina interna de la Policía debe ser indiscutible e innegociable, hay evidentemente un malestar que requiere algo más que una censura tajante.

El país necesita una reforma policial demasiado tiempo aplazada o doblegada a intereses de grupos perfectamente organizados e identificables. No dejemos pasar la oportunidad de reformar con inteligencia y honestidad la Policía.

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