La Habana bajo fuego: la Masacre de Orfila

El balance de muertos y heridos dejado por estos "agentes del orden" estremeció a la opinión pública y el estamento político

La masacre de Orfila, del 15 de septiembre de 1947, brindó la excusa ideal al general Genovevo Pérez Dámera -conminado por Washington y "aceitado" por Trujillo- para desmantelar la expedición de Cayo Confites, bajo la premisa de imponer el orden y colocar en control del ejército las armas en manos de fuerzas irregulares. Por eso, siempre escuché de labios de Chito Henríquez, Tulito Arvelo, Dato Pagán y Pedro Mir -hombres "enchabolados" en el desolado cayo preferido de Hemingway y punto de observación naval durante la II Guerra Mundial por su proximidad al Canal de las Bahamas- que "lo de Orfila fue determinante en el fracaso de Confites". Uno se preguntaba entonces: ¿Qué sucedió en Orfila?

Bajo el gobierno de Grau (1944-48) cobraron fuerza los grupos de acción que se enseñorearon en la Universidad de La Habana aprovechando su fuero y ocuparon posiciones claves en la policía, dentro de un esquema de reparto favorecido por el presidente, cuyas rivalidades se resolvían al mejor estilo de Chicago, metralleta en mano. Entre los más destacados estaban el Movimiento Socialista Revolucionario (MSR), liderado por Rolando Masferrer -un egresado de Derecho, vinculado antes al partido comunista veterano de la Guerra Civil Española, director del semanario Tiempo en Cuba y comandante del Cayo-, en cuyas filas militaban Manolo Castro -expresidente de la Federación de Estudiantes Universitarios, director de deportes de Grau y pieza fundamental en el ensamblaje de la expedición de Confites- y el mayor Mario Salabarría -jefe nacional de investigaciones de la policía, veterano del bando republicano en España, también ligado a la expedición.

Asimismo, Acción Revolucionaria Guiteras, encabezada por el Dr. Eufemio Fernández -médico, combatiente de las Brigadas Internacionales, comandante de batallón en la expedición y participante tronchado de Luperón en 1949-, quien sería jefe de la policía secreta de Carlos Prío (1948-52). La Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR) dirigida por el legendario Emilio Tro -con experiencia en España y en la II Guerra Mundial, director de la academia de la policía nacional-, cuyo lema rezaba "la justicia tarda pero llega", era la encarnación de la acción misma.

Entre sus relacionados se hallaba Fidel Castro, presente en el Cayo, gracias a garantías previas dadas por Masferrer de que no se atentaría contra su vida, debido a la pugnacidad entre el MSR y este grupo. Todos los referidos, antitrujillistas militantes, colaboraron en los planes para derrocar al dictador dominicano.

Lo de la barriada de Orfila en Marianao fue el estallido, traducido en masacre, de las rivalidades entre estos grupos, particularmente del MSR y la UIR, enquistados en la policía. Como refiere Ciro Bianchi Ross, en ella se enfrentaron el mayor Salabarría y el comandante Tro, quien se hallaba almorzando en casa del comandante Morín Dopico, jefe de Marianao. En mayo de 1947 Tro fue vinculado a un atentado del que salió ileso Orlando León Lemus (El Colorado), pareja gangsteril del célebre Policarpo Soler, quien en los 50 serviría a Trujillo y dejaría sus huesos en el país. El rebote llegó el 5 de septiembre, cuando el auto de Tro recibió más de 60 disparos, siendo heridos sus ocupantes, entre los que no se hallaba el director de la academia policial. La gente de El Colorado fue identificada como responsable, entre ellos el capitán Rafael Ávila, quien sería abatido a balazos días después. La investigación de este último suceso, encomendada a Salabarría, estableció mediante testigos la autoría de Tro. 

La orden de arresto de Tro fue ejecutada por Salabarría de manera espectacular. Con más de 200 hombres, entre los cuales El Colorado y un grupo de oficiales policiales, procedieron a ametrallar la vivienda en la que se encontraba Tro. La respuesta fue una balacera que duró tres horas. Enterado Pérez Dámera entonces en Washington, envió tropas del ejército, junto a 20 tanques y camiones blindados, para poner fin al enfrentamiento. Ya en fase de entrega de los sitiados, la esposa embarazada de Morín Dopico fue ametrallada, junto a Emilio Tro, quien fue "colado" por una treintena de balazos, disparados por José Fallat (El Turquito). El balance de muertos y heridos dejado por estos "agentes del orden" estremeció a la opinión pública y al estamento político.

El senador Eduardo Chibás acusó a Grau de la tragedia, mientras éste retiraba su apoyo a la expedición antitrujillista y Pérez Dámera, ya en Cuba, procedía a desmantelarla, incrementando de paso su poder político y militar. Por eso, como decía Chito Henríquez entre sorbos de café y humo de cigarrillo, "Orfila le puso la tapa al pomo a Cayo Confites".

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