La pronta ayuda a Haití por Matthew y el afrentoso desplante, ha valido más que mil seminarios para que se vea que una cosa son los haitianos y otra las élites con la que hacen causa común algunos dominicanos. Con el rechazo, se devela la desvergüenza de los que no establecen diferencias entre el pueblo y las camarillas que gobiernan, y que pretenden encubrir su coincidencia con los sectores dominantes en un engañoso discurso de supuesto racismo. Esa cúpula, que ha hecho de la conmiseración un estilo de vida, siente un profundo desprecio por sus compatriotas. Me arriesgo a decir que hay dominicanos que defienden con más ardor a los infelices haitianos que pululan por doquier, que los que gobiernan en su país.

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