Hace días que la brisa es fuerte y fresca, pero desde hoy, con la llegada de diciembre, su soplo empezará a tornarse en una mezcla de tristeza y alegría. Diciembre es nostalgia y soledad para algunos, pero rumboso para muchos con el doble sueldo en los bolsillos y una cotidianidad marcada por el ¡alegre vengo! y el ¡ábreme la puerta! Pero este año, entre jolgorio y algarabía, habrá que variar la rutina, porque pinta ser especial, no solo para los pobres en extremo que como siempre con sus manos extendidas aguardan por la generosidad del Estado, de empresarios y de personas pudientes, sino porque la ayuda deberá alcanzar también para las decenas de miles de personas a las que las lluvias amargaron su dulce Navidad.

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