Ha sido en vano la advertencia de que no se politizara lo de Odebrecht, porque sería imposible que prevalezca la verdad con gente que la descarta de antemano al asumir el hecho de manera sesgada, del lado de su conveniencia. Politizar el tema es desacreditarlo. Es retornar al círculo vicioso del corrupto preferido, y poner la sagrada causa de la lucha contra la corrupción y la impunidad al servicio de intereses políticos y personales. Si al final de la jornada se absolutizan verdades parciales, se malograría la posibilidad de saber cuántos son y dónde están los beneficiarios de Odebrecht. Pero no será para siempre, porque como sentenció Cervantes: “La verdad bien puede enfermar, pero no morir del todo”.

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