El Pacto por la Reforma Educativa fue un compromiso de las distintas fuerzas políticas, económicas y sociales. Un hermoso proceso del que surgió una visión compartida de la educación dominicana, y que tiene un punto clave en su capítulo sexto, que trata sobre la instalación y promoción de una cultura de evaluación de todos los actores del sistema educativo. La instalación de esa cultura de evaluación tendrá que esperar, por lo menos en lo que respecta al desempeño de los maestros, porque se cogieron el dinero que la sustenta para comérselo en salarios. Lo que más sorprende es que tanta gente que se involucró en ese Pacto ahora guarda silencio ante esta vil transgresión a una de sus ganancias fundamentales, como es la de mejorar la calidad al emular las buenas prácticas.

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