OPINIÓN
| 20 ABR 2012, 12:00 AM

Un proyecto de ley sobre moral y cívica (1)


Los que somos de la generación de los 50s y del "Yesterday", como expresa la popular cantante española Ana Belén en una de sus canciones, tuvimos la oportunidad y el privilegio de contar para la época, con una educación integral, es decir, completa, aún en el campo más remoto,.

Además de las asignaturas básicas, como las ciencias matemáticas, la Lengua Española, las ciencias naturales y las ciencias sociales, se nos enseñaba la "Moral y Cívica", como una asignatura, que nos atreveríamos a señalar que era más que básica.

Hasta al final de la década de los 70s, los profesores de la educación, tanto pública como privada, se entregaban por completo a sus obligaciones; eran personas totalmente íntegras, pues se esmeraban en enseñarnos los más sanos valores morales, familiares, patrióticos y espirituales, que hoy brillan por su ausencia. Nos enseñaban a cantar, además del himno nacional, los que rinden homenaje a la bandera, a los Padres de la Patria (Duarte, Sánchez y Mella), a la escuela, a las Madres, a la Verdad, al regocijo escolar, entre otros. También se nos enseñaba el cuidado del medio ambiente y de los recursos naturales; los Derechos y Deberes del ciudadano. Esto es sumamente importante pues en los momentos actuales sólo exigimos los primeros pero no queremos cumplir con los segundos.

Nos enseñaban, además, cómo comportarnos en sociedad, el respeto a las personas mayores, a nuestros padres, a las autoridades; las reglas de urbanismo, los buenos hábitos de la conducta humana: la pulcritud, la decencia, la humildad, la vocación al servicio, la honestidad, la responsabilidad; a cuidar, preservar y conservar los bienes y recursos del Estado; a defender nuestra soberanía, nuestro idioma; las reglas de cortesías, la higiene personal, el ornato, el respeto a los valores y símbolos patrios, impregnándonos siempre de que al Estado se va a servir, no a servirse. En fin, cómo ser un ciudadano ejemplar.

Recuerdo que cuando se tocaba o cantaba el Himno Nacional o se izaba la bandera, todos nos deteníamos en señal de reverencia a la patria. El premio que se nos otorgaba por el buen comportamiento exhibido y por las buenas calificaciones obtenidas era la escogencia para izar la bandera y para cantar el himno nacional al inicio de las clases, cosas que también han desaparecido. En esos años la educación pública era de primera calidad, no existía diferencia entre ésta y la privada; muchas veces un estudiante egresado de una escuela pública salía más y mejor formado que uno de un colegio privado. Claro, no bastaba con la formación que se recibiera en la escuela o colegio, se requería además, de la educación y de la formación recibida en el hogar. El autor de este artículo nació y se desarrolló en un campo de Santiago de Los Caballeros y realizó sus estudios primarios, intermedios y secundarios en escuelas públicas. A nivel profesional, en todas las posiciones que ha ocupado, tanto públicas como privadas, siempre ha tratado de actuar correctamente, aferrado a la formación de la Moral y de los principios que le inculcaron sus padres y abuelos durante su niñez y juventud.

Desde que fue excluida la asignatura Moral y Cívica de las escuelas públicas y de los colegios privados, se ha incrementado la inversión de valores en nuestro país, lo cual puede comprobarse por los niveles de inseguridad y de femenicidios cometidos; por la percepción de la corrupción pública y privada; por la violencia intrafamiliar, por la falta de Transparencia y de Rendición de Cuentas de los funcionarios públicos; por la doble moral prevaleciente, el irrespeto a las leyes, a los valores y símbolos patrios; por la paternidad irresponsable existente; por el incremento del narcotráfico, el lavado y del sicariato; por el afán desmedido y desenfrenado de acumular fortunas y de enriquecimiento ilícito; por el saqueo de nuestros ríos, arroyos y a la deforestación despiadada de nuestros bosques; por el mensaje negativo que se le envía a nuestros jóvenes cuando se ponen en libertad a personas involucradas en hechos delictivos por "Jueces Interinos"; por el irrespeto a nuestras autoridades, a nuestras sanas tradiciones y costumbres; por el dispendio y malversación con que se manejan los recursos y los bienes del Estado dominicano, etc.

En la medida que aumenta la población del país, en esa misma medida habría que reforzar la enseñanza de la Moral y Cívica en nuestras escuelas públicas y colegios privados, pues el grado de desarrollo de los países no se mide solamente por las grandes obras y cosas materiales que se hayan logrado, ni siquiera por el crecimiento económico alcanzado. Se mide por el nivel educativo, científico, cultural, moral y cívico, así como por los índices de calidad de la salud exhibidos por sus ciudadanos.

alfredocruzpolanco@gmail.com

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