OPINIÓN
| 25 FEB 2013, 12:00 AM

Una de dos


"No he firmado, nada está cerrado", se nos dijo. La verdad, el acuerdo transaccional se firmó el 15 de enero. La alegría duró poco. La aplaudida rectificación política, sin efectos jurídicos, trae como consecuencia un embrollo legal. El Gobierno dice no a lo que poco antes dijo sí. El problema es que la buena intención expresada en un comunicado nada o poco puede frente a la realidad jurídica de una transacción consumada. Las águilas tienen ahora muy apretada en sus garras la presa inmobiliaria. El lío seguirá en los tribunales más enredado que nunca. Una de dos: estulticia o malicia.

hfigueroa@diariolibre.com

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