¡Qué Cosas...!|16 abr 2013, 12:05 AM|POR EFE

Fue secuestrada por una sola persona sin una red pedófila detrás

VIENA.- El austríaco Wolfgang Priklopil secuestró hace quince años "muy probablemente" sin cómplices a la niña Natascha Kampusch y la mantuvo en cautiverio los ocho años y medio siguientes también en solitario, sin aparentes vínculos con ámbitos de pedofilia, sadomasoquismo o prostitución.

Este es el resultado, publicado hoy en Viena, de una investigación efectuada por un equipo internacional para esclarecer las persistentes sospechas y conjeturas que no han dejado de conmocionar a la opinión pública desde que Kampusch recuperó la libertad, en 2006.

"La evaluación concluye que Wolfgang Priklopil, con mucha seguridad, realizó el secuestro sin la ayuda de terceros", declaró Jörg Ziercke, jefe de la Policía Criminal Federal alemana, en rueda de prensa en la capital austríaca.

Subrayó que la única razón por la que no se puede hacer esa conclusión de forma definitiva, según criterios científicos, es que el autor del delito murió y no se le ha podido interrogar.

Así, el resultado prácticamente definitivo corrobora la versión de los hechos dada por la víctima y debería poner punto y final a las especulaciones e incluso acusaciones de mentir y encubrir a supuestos cómplices a las que se ha visto enfrentada Kampusch y que han sido lanzadas por algunos medios y personas.

"Hemos invertido más de 10.000 horas de trabajo y 84 interrogatorios en este informe de evaluación", destacó Herbert Anderl, director general de Seguridad Pública en Austria.

El secuestro en marzo de 1998 de una niña de 10 años cuando se dirigía al colegio en las afueras de Viena fue el principio de uno de los casos policiales más mediáticos en Austria y traspasó las fronteras nacionales el 23 agosto de 2006, cuando Kampusch consiguió liberarse y reveló su historia.

Priklopil se suicidó ese mismo día.

La existencia de un cómplice era el principal punto que debía esclarecer la investigación que, iniciada en julio de 2012 por encargo del Parlamento austríaco, reabrió el caso.

Además, los especialistas de los ministerios austríacos de Interior y de Justicia, de la Oficina Federal de Investigación de Estados Unidos (FBI) y la Policía Criminal Federal alemana (BKA) que participaron en ella abordaron otras dudas relacionadas con el caso.

Ziercke precisó que en la furgoneta en la que Kampusch fue introducida contra su voluntad al ser secuestrada no se ha podido encontrar restos de ADN de un supuesto segundo raptor.

Respecto a una joven que aseguró en su momento que había distinguido a dos hombres sentados en la furgoneta sospechosa, declaró que "seguramente la declaración de la testigo es subjetivamente correcta, pero ella, objetivamente, se equivocó".

Otra de las conclusiones es que no hay duda de que Priklopil se suicidó y no fue asesinado, y tampoco hay indicios de un vínculo entre el secuestrador y una supuesta red pedófila y sadomasoquista, otros de los numerosos rumores sobre el caso.

El jefe de la Policía Criminal Federal alemana admitió que este crimen fue "el caso del siglo" en su momento, que es natural que despertara tanto interés en la opinión pública y, aunque en tales casos suelen aparecer teorías de conspiración, recomendó "evitar especular con todos los indicios".

Por su parte, Christian Pilnacek, del Ministerio de Justicia austríaco, reconoció algunos fallos y errores de procedimiento en las diversas pesquisas policiales.

Según el informe, tampoco sería extraño que Kampusch y Priklopil hubieran estrechado lazos durante el largo cautiverio forzoso de la joven, pues en este tipo de situaciones "la víctima acaba por adaptarse al secuestrador", sobre todo teniendo en cuenta la temprana edad en la que ella fue separada de su familia y amigos.

Priklopil, un técnico de telecomunicaciones en paro que tenía 44 años en 1998, había construido un zulo subterráneo de seis metros cuadrados escondido tras una puerta acorazada y bajo el garaje de su casa, no muy lejos de la vivienda de la niña y su madre.

En ese zulo la niña pasó sobre todo los primeros años de su cautiverio y luego compartió también con él la casa.

Incluso algunas veces salió con él a la montaña o a hacer compras, sin atreverse en esas ocasiones a huir o pedir ayuda.

Pero finalmente Kampusch logró escapar, irrumpió en el jardín de una casa vecina y pidió ayuda tras revelar quién era.

Ni la propia Kampusch ni su familia fueron interrogadas para la elaboración de este dossier.

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