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"Bosch, uno de los maestros del aula que me abrí"

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Bosch, uno de los maestros del aula que me abrí

SANTO DOMINGO. Ahora es un abuelo alto, que cumple 70 años en agosto. Cuando está en casa, en las tardes recibe a sus nietos. La tarde húmeda del miércoles recibió, en la Feria Internacional del Libro, a Diario Libre.

P. ¿Empezó Ud. como muchos por la Poesía?

R. Pues sí, ése es un camino que uno sigue hacia la Literatura y en Nicaragua curiosamente, o quizás por la herencia dariana, Literatura es sinónimo de Poesía. A pesar de que Darío dejó dos herencias muy diversas, porque era un gran narrador, un gran cronista, un gran periodista y hay mucho que aprender de él como prosista. Sin embargo, el aura que el país le reconoce es el de poeta y uno entra siempre por ese camino. Yo lo dejé cuando me di cuenta que eso no era lo mío. Que lo mío era más la narración.

P. ¿Se le daban mal los pareados...?

R. Jajaja, pues no me gusta mucho que me lo recuerden, no. ¡Jajaja!

P. ¿Cuáles han sido los escritores que fueron poblando su estilo?

R. Mi idea inicial era ser cuentista, no novelista. Y me entrené como cuentista. Primero con antologías del cuento, leyendo a Poe, por supuesto, a Maupassant, a Ambrose Bierce, a O'Henry, a Chéjov, que fue fundamental para mí. Claro que a Quiroga.

P. ¿Y Juan Bosch?

R. A Juan Bosch, claro que sí. Porque yo lo conocí muy temprano. Fue el primer escritor que yo admiraba y que conocí personalmente. Fue en el año 1961, en Costa Rica. Yo llegué como siempre, el adolescente que va en busca del maestro. Y él estaba en Costa Rica, en una escuela de formación política en la San Isidro Coronado, que habían formado Betancourt, Figueres, Victor Alba y otros, y allí estaba él de profesor, en el exilio. Se había llegado de Venezuela. Todavía recuerdo el color blanco-hueso de la taza de café que tenía él entre las manos. Hablamos allí unas dos horas, por la tarde en el comedor de la escuela, que era como un internado con alumnos de toda América Latina que llegaban a formarse allí en las ideas social-demócratas.

Eso fue un poco antes del asesinato de Trujillo y del regreso triunfal de Don Juan a la República Dominicana. Claro que yo conocía muy bien sus cuentos y tengo que listarlo entre mis maestros de esta aula que yo mismo me abrí.

P. ¿Y es el cuento donde mejor se siente?

R. Me siento bien en los dos aposentos. Lo que pasa es que siempre regreso al cuento con mucha nostalgia; es el primer oficio que yo practiqué con mucha rigurosidad, que yo traté de aprender, dándole vuelta al traje, para ver las costuras, que es la forma para aprender a escribir cuentos. El cuento que parece que no lleva a ningún lado y lo está ya diciendo todo, como Chéjov; o el del golpe magistral, que aprendí de O' Henry, es decir el cuento como un mecanismo preciso de relojería. O de finales totalmente imprevistos, como los de Ambrose Bierce. Por esa puerta entré yo a la Literatura.

La novela ya es un mar sin fondo, es otro tipo de cosa, es una navegación imprevista. Se escribe mucho con el subconsciente. Hay que dominar técnicas que son parecidas a las del cuento -la del diálogo-, que también es de los guionistas de cine o de los dramaturgos... Hay muchas técnicas comunes y otras diversas, pero son dos facturas completamente diferentes.

P. Por esos caminos de la novela, ¿cuál ha sido la obra donde más se ha tenido que emplear a fondo?

R. Las que demandan investigación. Lo que llamaría crear una atmósfera, que son las novelas de época. Que es lo mismo que demanda el director de cine. Es más complicado para el director de cine filmar una película de época; claro, que él trabaja con un equipo, y el novelista trabaja solo. Uno tiene que crear esa atmósfera en la cabeza. Lo que me pasó la primera vez con "Castigo divino", que yo tenía que recrear la ciudad de León, en Nicaragua, en los años 30; pero crearla no sólo en los escenarios, sino en los lenguajes. Recrear el lenguaje forense, un lenguaje periodístico, la música de la época, las carteleras de los cines, las marcas de los medicamentos, de los productos de belleza, todo eso es una reconstrucción que le lleva a uno a introducirse profundamente en una época y uno comienza a vivir dentro de esa atmósfera. Uno se vuelve contemporáneo de esos personajes.

P. ¿No se ha arriesgado con el cine?

R. Quizás soy un director de cine frustrado. Por la vinculación que tuve de niño con el cine. A los 12 años yo era operador de cine, como en la película "Cinema Paradiso", porque mi tío Ángel Mercado era dueño del único cine del pueblo. Yo vivía metido en la caseta, entendiéndome y molestando a los operadores, y aprendí a manejar los aparatos. Cuando el operador se fue, me puso a mí a cargo de la proyección de las películas. Aprendí a tener una gran fidelidad con la imagen. El operador de cine tiene una ventanilla para él solo, tiene que estar atento a la proyección, que no se mueva, que no se queme. Si se quemaba, uno tenía que desmontar el rollo, ir a la devanadora, cortar, montar, pegar con acetato, y volver a montar en dos minutos, porque si no, tumbaban la caseta a pedradas; era al aire libre.

Todo eso me creó una visión cinematográfica de la Literatura. Aprendí a ver con ojos de cineasta. Y lo que hago es traducir imágenes a la palabra.

P. ¿Cómo se le da la música? ¿Sabe Ud. bailar?

R. No. Pero vengo de una familia de músicos. Mis tatarabuelos, mis abuelos, mis tíos, eran músicos. Y sí, tengo un oído receptor. En una sinfonía puedo distinguir instrumento por instrumento. Conozco el ritmo, sin eso es imposible ser escritor, porque la escritura es una cuestión de compás, de tempo.

P. Ud. fue vicepresidente de Nicaragua en el gobierno sandinista en su primera época...

R. Sólo ha habido una, la de los 90.

P. Ud. rompió con el sandinismo. Cómo valora la situación actual de Nicaragua?

R. Diría que es una situación que ya no es llamativa. Porque este tipo de gobiernos ya no son llamativos, son tolerados. Los gobiernos que pasan sobre las leyes, sobre la Constitución, que el que está en el poder se quiere quedar siempre, dominando a los demás por medio de la corrupción, es tolerado. Tiene legitimidad en la comunidad latinoamericana. Si Ortega dice que no va a la Cumbre es que está castigando a los que no comulgan con sus ideas. Pero nadie se extraña de sus ideas. En Nicaragua existe, al igual que en otros países, un gobierno donde los derechos ciudadanos no son respetados, como dice la Carta Democrática de la OEA.

Por eso no es llamativo. Los intereses estratégicos de los Estados Unidos, que fueron tan influyentes en la historia de América Latina hasta los años 80, cuando terminó la Guerra Fría y desapareció la Unión Soviética, pues se han desplazado hacia otros sitios críticos, como Irán, Siria, el Medio Oriente, el conflicto palestino-israelita, Pakistán... son los grandes ejes de intereses de los Estados Unidos. Y no Nicaragua. Ni siquiera Cuba. Tampoco Venezuela. Es decir, después de decir misa estrambóticamente, a insultar al imperialismo; eso no tiene dientes, no tiene garras, no tiene uñas. Porque la convivencia existe allí. Lo que más le interesa a los Estados Unidos es que lo ayuden a cuidar el tráfico de las drogas. Y en eso Ortega tiene 100 en conducta. Forma parte de este aparato que está deteniendo el tráfico de drogas hacia Estados Unidos, por lo que no veo que haya conflicto entre Ortega y Estados Unidos.

P. ¿Ud sigue siendo sandinista?

R. Para mí el sandinismo es un asunto simple. Soy un sandinista que cree en los asuntos básicos por los que luchó el general Sandino: soberanía nacional, democracia y justicia social. Sandino nunca propuso una presidencia perpetua para sí mismo.

Datos

Nació en Masatepe, Nicaragua, el 5 de agosto de 1942. Abogado ("no lo ejercí"), político, opeador de cine, vive hoy de la Literatura (derechos, traducciones, artículos, conferencias, docencia en Harvard, Berlín, California, etc"). Su novela favorita es "Un baile de máscaras" ("no necesité ningún papel para escribirla"). Fue vicepresidente de Nicaragua (1985-1990) Premio Alfaguara 1998.