CRITICARTE|26 nov 2012, 12:00 AM|POR Alfonso Quiñones

COMEDIA Y REFORMA

Al centro, Luis José es felicitado por su papá.

La Reforma Fiscal ha caído tan pesada en el pueblo dominicano que una comedia como "Qué hacemos con el muerto" puede servir, si no de antídoto, sí de aliciente contra el estrés y el desgaste de la vida que vivimos.

Se trata de una comedia tan, pero tan ligera, que fluye rápido y va como las piedras que se lanzan en el mar, chispeando de risa en risa. Aunque no llegue a provocar la sonrisa, que como se sabe, obliga a la reflexión. Aquí no, aquí lo hilarante fluye de bocadillo en situaciones, donde no hay lugar para la llamada "morcilla" que hacían los actores de antes.

Se trata de un texto bien tramado y bien ajustado. Pero los personajes no se sinceran psicológicamente, a no ser el de Hony Estrella, quizás el mejor logrado. Y su caso es de darle continuidad, porque Hony ha ido creciendo en la escena de papel en papel. Y este es muy convincente.

En contraposición con el de Sabrina Gómez, que ha sido caracterizado de manera demasiado caricaturesca, y que es tan poco creíble que uno no sabe si se trata de una retrasada mental o una imbécil summa cum laude, y de serlo ¿en qué cabeza cabe que un joven estudiante de medicina se va a enamorar de ella? ¿Sólo por el dinero de la tía? Hay otras formas de lograrlo, que ser novio de una joven con problemas mentales graves. Lo cual lo demuestra la propia solución del caso.

Porque de eso se trata esta obra: es una comedia con matiz policíaco. En ella el contexto pasa a un cuarto plano. Ocurre nadie sabe dónde. Pero el texto es una estructura bastante sólida dramatúrgicamente hablando, con diálogos chispeantes, rápidos. Una obra que sí divierte, pero que nos deja a medias.

Irving se parece a otros personajes suyos. Luis José abordó su personaje con más profundidad, y al final recibió el abrazo emocionado de su padre, que la había hecho décadas atrás.

Lendor estuvo muy convicente. Y a decir verdad, el debut de Yelitza Lora es de gran dignidad, asumido con contención y por lo tanto creíble. El novio de la vecina y el ayudante del detective policial son grises y están y suceden, pero como si nada.

Kenny Grullón como siempre convence, aunque a veces resulta algo repetitivo en la construcción de sus personajes, a los que les aporta tics o gestos que pertenecen a otros que ya ha hecho, incluso en la televisión.

Más allá de estos detalles, insisto, es una excelente motivación para huirle a esta realidad agobiante de la cotidianidad. Aplausos y risas. Pero no hagan caso, uno que se vuelve muy exigente. ¡Vayan a verla el fin de semana próximo! Que uno se divierte, es la verdad.

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