Revista|15 feb 2013, 12:00 AM|POR Alfonso Quiñones

Falleció el maestro de la plástica criolla, Domingo Liz

Ángel Urrely, Domingo Liz y Fernando Varela.
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SANTO DOMINGO. Domingo Liz, Premio Nacional de las Artes Plásticas del 2012, falleció a las cinco de la mañana de ayer, producto de una bronquitis crónica que padecía, según dio a conocer el Ministerio de Cultura.

Liz, un artista multifacético, empecinado en la sencillez absoluta y en la síntesis total, fue dueño de una cosmogonía propia en el mundo de los colores y las líneas, por lo que era considerado uno de los principales maestros de la plástica dominicana.

Su envidiable vocación formadora, lo llevó a contar con una experiencia de más de 40 años en la Escuela Nacional de Bellas Artes y por unas tres décadas en las aulas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Quizás la labor educadora le restó tiempo importante a la creación artística.

Algo que el pintor, escultor y dibujante rehuía, era la imitación en el arte. Esa búsqueda incansable de la originalidad trataba de inculcarla a sus alumnos, como a la destacada pintora joven Iris Pérez. "Hay mucha imitación y con esto de la globalización, la nueva generación se está dejando abrumar por valores foráneos, y se está desligando de las características visuales que le rodean", dijo Liz.

Tan es así que la primera de las muestras individuales que realizó en su vida ocurrió sólo 20 años después de graduarse de la Escuela de Bellas Artes, porque al ser alumno de posgrado de Jaime Colson, encontró que su estilo en ese momento era una copia del gran artista. Por tanto, decidió no exponer hasta que encontrase su propia forma de decir, según contó en una entrevista a la escritora Rosa Silverio.

Esa búsqueda lo llevó a desarrollar su propio estilo, caracterizado por colores y formas propias, fruto de su experiencia visual, en donde los personajes que aparecían eran caricaturescos y tenían una evidente y voluntaria desproporción anatómica. Todo esto surgió del propio medio que lo rodeaba y del barrio La Ciénaga, el cual se convirtió en su gran inspiración, escribió la poeta.

La segunda exposición la realizó veinte años después, en la Galería de Arte Moderno. Así continuó, hasta su quinta y más reciente individual, presentada en la Galería Varelli, en La Marina de Casa de Campo, donde -según él- lleva a un grado superior las sutilezas de su arte, el cual se manifiesta con mayor libertad y menos prejuicios. "Estoy en mi etapa de mayor libertad y continuaré hasta entregar la mejor producción de toda mi vida, la más libre, la más llena de expresión, la más simbólica, la más simple y sintética".

En esa entrevista, el artista confesó a Silverio "Pasamos por una etapa de dictadura que limitó el arte y los gobernantes siguientes no han invertido ni realizado verdaderos esfuerzos para promocionar el arte nativo. Para el mundo exterior estamos rezagados en comparación con Latinoamérica, pero la realidad es que no conocen lo que hacemos".

Sentimiento de pérdida

Por su parte el ministro de Cultura, José Antonio Rodríguez, expresó ayer que el reconocido artista dominicano deja un inmenso legado en las artes plásticas del país, por la creación de imágenes paradigmáticas en las que resalta la identidad cultural nacional.

El funcionario valoró los aportes de Liz a las artes plásticas dominicanas y dijo que su muerte conmueve a quienes lo conocieron, "muy en especial a su familia, a cuyo dolor nos unimos". Estaba casado con la señora Mercedes Morales y tuvo tres hijos, Pablo, Tania y Esteban.

Liz, dice la nota, recibiría, formalmente, este mes de febrero el "Premio Nacional de Artes Plásticas", que entrega cada año la entidad cultural.

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