Revista|03 jul 2013, 12:15 AM|POR EFE

París se deslumbra con Chanel, redescubre a Armani y siente a Latinoamérica

La actriz Kristen Stewart al salir del desfile de Chanel

PARÍS.- Chanel resplandeció en París con su colección de alta costura, mientras que Giorgio Armani Privé trabajó delicados vestidos largos, en una jornada en la que Latinoamérica estuvo presente con Gustavo Lins y Óscar Carvallo.

El desfile de Chanel, al que asistieron la cantante Rihanna, el cineasta Baz Luhrmann y la directora de Vogue, Anna Wintour, se desarrolló en una sala de teatro en ruinas que Karl Lagerfeld hizo construir en el interior del Grand Palais.

El raído telón descubrió, tras los escombros, un fondo de rascacielos futuristas que acogió los diseños para el próximo otoño-invierno en "tweed", organza y tul de seda, que brillaron con brocados de cristales sobre botas-leggings y bajo sombreros "canotier" en lana. Los trajes de líneas rectas dieron paso a vestidos plateados, y el origami y los volantes dibujaron el perfil de las prendas, en una colección que osciló del blanco y negro de la "maison", al gris, marino, "nude", ocre o claroscuro de verdes, con toques en frambuesa y en pasteles azul y rosa. Giorgio Armani Privé se dirigió a la delicadeza de los vestidos largos de encaje en una colección que empezó con sus habituales pantalones y trajes de chaqueta. Las actrices Milla Jovovich y Catherine Deneuve descubrieron, en el Teatro Nacional de Chaillot, el medio centenar de modelos, que se mantuvieron en su mayoría en la escala cromática del "Nude", título de la colección. Las primeras siluetas recordaron los años cuarenta, por sus chaquetas largas y sus faldas "evasé" por la rodilla. Posteriormente, se pasó a trajes de pantalón ancho y de cintura alta en seda, para adentrarse en vestidos largos con brocados, enriquecidos con cristales de Swarovski, "strass" y microperlas, que mostraron una cara poco conocida de Armani, recibida con aplausos. Algunos modelos disfrutaron de un sinfín de volantes, otros se apoyaron sobre rayas horizontales y la transparencia fue recurrente. El negro tiñó seis siluetas especiales: desde un mono de lentejuelas, hasta un abrigo de tul drapeado con "leggings" bordados, pasando por dos vestidos largos. Latinoamérica vivió además una jornada especial en la semana de la alta costura, con las colecciones de sus dos únicos representantes: el brasileño Gustavo Lins y el venezolano Óscar Carvallo. Atelier Gustavolins combinó elementos de Brasil, Japón y París en unos modelos de colores lisos, como el rosa palo, el verde fresco, el gris lavanda, el naranja, el rojo o el marino, con estampados pintados a mano en blanco y negro. "Lo que hay de brasileño en esta colección son las mezclas de materiales, los colores, las chicas con los hombros desnudos, con la ropa muy ligera y muy sensual", explicó Lins a Efe en los salones de la Embajada de Brasil, escenario del desfile. Los manguitos, a modo de guantes largos, cubrieron los brazos y las pieles construyeron un abrigo con colas de zorro rosas en las solapas y un poncho en blanco y negro con una pincelada amarilla. El país del Sol Naciente estuvo presente con un quimono de seda que cubrió un minivestido en cuero de color lima, mientras que el negro, asociado a París, dio forma a un cóctel recto con una manga. El diseñador venezolano Óscar Carvallo recreó el universo de la noche y de las aves rapaces en su segunda colección de alta costura, titulada "Eagle Eye" (ojo de águila), que presentó en el ayuntamiento del cuarto distrito parisino. "Tratamos este tema porque la colección de invierno es una colección un poco misteriosa, hay mucho encaje negro, mucho velado", aseguró a Efe el diseñador, afincado en París desde 2003. Las plumas naturales -de ganso- o troqueladas en cuero -de avestruz o pavo real-, junto con los pendientes en forma de garra de pájaro, fueron la referencia más evidente a la ornitología. Carvallo, ferviente defensor de los tonos metálicos, se ha dejado conquistar por el cobre, que ha acompañado con negro, blanco, rojo y rosa, y ha dejado un hueco para el dorado. Stéphane Rolland, por otra parte, se inspiró en la España del siglo XVII de Diego Velázquez para trabajar "la austeridad y el rigor" de forma muy estética, como explicó a Efe tras un espectáculo en el que bailó Rafael Amargo y desfiló Nieves Álvarez. Julien Fournié, modisto francés de origen español, moldeó vestidos de reminiscencias medievales con elementos propios de los circuitos informáticos, trabajó las pecheras, los corsés, las pieles y las lentejuelas.

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