feria del libro|30 abr 2013, 12:00 AM|POR Alfonso Quiñones

"Lo sucedido con mi archivo es una metáfora de nuestro tiempo"

Gabriel García Márquez, en la intimidad, visto por el lente de Mordzinski
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SANTO DOMINGO. Daniel Mordzinski (1960) es argentino, pero no se le nota. Lleva más de 35 años en Francia. Hace poco saltó a la noticia, porque Le Monde botó sus archivos, y Mario Vargas Llosa alzó su voz. "No me importa Mordzinski, me importan las fotos que no veremos más", dijo alguien.

Después de lo ocurrido, el artista, que es un poeta de la imagen, y trata de olvidar su profundo dolor, no ha dicho una palabra públicamente. Esta es la primera vez que lo hace.

"Ante todo quiero decir que me siento feliz y orgulloso de participar en unos de los festivales literarios más importantes del mundo. En 2009 llegué por primera vez a Santo Domingo para exponer mis fotografías en el Museo de las Casas Reales. En la inauguración manifesté mi deseo de conocer y retratar a escritores dominicanos. José Rafael Lantigua entendió mi llamado, y de inmediato puso a mi disposición todo un dispositivo logístico y humano para que llevase a cabo mi misión. Desde entonces vengo a la FIL de manera casi ininterrumpida, y sigo explorando y completando un Atlas de la Literatura Dominicana, y cada vez que expongo mis fotografías por el mund,o la literatura dominicana está allí", dijo antes que le preguntara.

"A veces me preguntan a cuántos escritores retraté en estos 35 años de utopías y yo suelo evitar la respuesta. Y no porque no lo sepa, tal vez podría contarlos, ordenarlos y numerar este tercio de siglo vivido entre escritores. Pero la verdad es que si dediqué mi vida a retratar las letras no es para ponerles cifras…, en cambio por primera vez intenté "ponerle música". "Un libro llamado música", es una exposición integrada por los retratos de los músicos que retraté, fue una idea de Romina Bayo y Pedro Antonio Valdez. Estoy muy orgulloso de exponer en el Museo de Arte Moderno de Santo Domingo y que sea aquí, en esta ciudad que quiero tanto, donde se muestre este trabajo en primicia mundial", aseguró.

"Entre los retratos de músicos había muchas lagunas, ausencias notorias. Finalmente logré ponerle alas a uno de mis sueños más deseados: retratar al gran Silvio Rodríguez. Ayer (antes de ayer) lo conocí, y durante una hora y media se entregó con respeto y complicidad a mi objetivo".

"Quiero aprovechar tu amabilidad para agradecer publicamente a María Elena Ditrén, directora del MAM, a José Antonio Rodríguez, ministro de Cultura, a Valentín Amaro, director del Libro y la Lectura, a Pedro Antonio Valdez, director ejecutivo y a Romina Bayo y Marivell Contreras, que en un momento de dudas me ayudaron a seguir mirando hacia adelante", dice de un tirón. Respira, y le pregunto.

P. Daniel, ¿por qué se fue a Francia hace 35 años? ¿Qué sueños buscaba? ¿Qué haría hoy?

R. Pertenezco a una generación de jóvenes latinoamericanos que no siempre tuvieron posibilidad de elegir, debido a las dictaduras militares que tiranizaban sus países. En mi imaginación, en mi corazón, en mi memoria, París es un lugar al que siempre soñé llegar. En esos años (finales de los setenta) nuestra literatura no podía entenderse sin París -como doble símbolo: de Europa y del extranjero, del otro- Y claro, está el mito de París, lleno de maravillosos escritores venidos de todas partes, de Hemingway a Cortázar, de Vallejo y Ribeyro a Kundera, sin olvidar a mis quedísimos amigos José Manuel Fajardo, Luis Sepúlveda y Santiago Gamboa.

P. ¿Quién le dio las primeras oportunidades? ¿Quién guió sus primeros pasos en la fotografía?

R. Mis comienzos en Francia fueron muy duros. Llegué sin hablar francés, sin papeles y sin dinero, conocer a Julio Cortázar me afirmó y me ayudó a luchar contra las enormes dudas que tenía.

P. Daniel, es Ud. muy querido por los escritores. Diríamos que es un "niño mimado". Más allá de la calidad, la experiencia y la originalidad, ¿qué otros elementos deben poblar a un fotógrafo para ser tan querido?

R. Lo primero que se me ocurre es el respeto, casi sagrado, con el que los trato y retrato. Nunca hago trampa, nunca los traiciono. Pero ahora que lo pienso, también puede que sea importante la dedicación y el cariño con muchos de ellos, que son grandes y fieles amigos, y que me han ido permitiendo una humilde existencia en el seno de la comunidad literaria. Sin duda, el mérito es de todos esos escritores que me quieren y saben que hago mi trabajo movido, ante todo, por la admiración y el afecto, no por dinero o ambición.

Continuará en la edición de mañana la segunda parte de la entrevista.

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