Tecnología|13 jul 2013, 10:08 AM|POR Jairo Mejía/EFE

En un mundo en crisis, EE.UU. sigue construyendo su hegemonía tecnológica

WASHINGTON.- Con coches que conducen solos, cazas no tripulados o cohetes que aterrizan en vertical, Estados Unidos demuestra su capacidad para seguir creando las tecnologías del futuro y mantener su hegemonía económica mientras se distancia de una Europa en crisis y pese a la emergente China.

De las 12 tecnologías que en opinión de la consultora empresarial McKinsey&Co. marcarán la vanguardia económica del mundo hasta 2025, Estados Unidos es pionero y líder en la mayoría, según detalla a
Efe, Michael Chui, responsable del estudio publicado en mayo.

El internet móvil, la inteligencia artificial, el análisis de datos, la interconexión del mundo real con el virtual, la nube omputacional, la investigación del genoma, las nuevas fuentes de energía o las impresoras 3D cambiarán el mundo en que vivimos.

Según Chui, estos sectores ofrecen oportunidades para todas las regiones del mundo, aunque EE.UU. se ha beneficiado de "su radicional fortaleza en promoción de emprendedores, universidades reconocidas, atracción de talento, un mercado doméstico integrado, sofisticadas fuentes de capital, investigación bien financiada y eyes de propiedad intelectual predecibles".

Institutos tecnológicos, universidades, multinacionales privadas y pequeños emprendedores sin miedo a fracasar, ponen los cimientos e la vanguardia estadounidense en la carrera por descubrir "the
next big thing" (algo así como "el próximo gran invento"), una definición en la que encajan invenciones como el iPhone de Apple o a red social de Facebook.

Makani Power, una pequeña empresa que ha diseñado unas turbinas eólicas que operan como una cometa, más eficientes que los generadores actuales, es un ejemplo de cómo Estados Unidos invierte en I+D.

La compañía, creada por un grupo de ingenieros jóvenes, comenzó su proyecto con fondos públicos del Departamento de Energía y hace dos meses fue adquirida por el laboratorio secreto de Google, "X", que experimenta en innovaciones de ciencia ficción, como el coche autónomo, que se mueve sin intervención del conductor utilizando sensores y posicionamiento satélite.

Desde avances tan cotidianos como un aire acondicionado que gasta un 80 % menos de energía y no requiere químicos que aumentan el efecto invernadero -desarrollado por el público NREL-, hasta el vuelo de un cohete de la empresa privada SpaceX que aterriza de manera vertical y puede ser reutilizado, EE.UU. pone las bases para su hegemonía económica.

Pese a que China emerge como nuevo poder y cada vez más emprendedores prueban suerte en ese mercado, expertos como Michael Li, fundador de la red social Chuangtouquan, consideran que la falta de libertad en internet es uno de los grandes lastres para el futuro de la innovación china.

El miércoles pasado, el mundo pudo ver cómo el ala delta invisible a los radares del avión no tripulado X-47B, de Northrop Grumman, despegaba y aterrizaba en un portaaviones estadounidense de manera autónoma, escenificando el primer paso para que el país pueda vigilar y bombardear objetivos en todo el globo de manera casi robótica antes de 2020.

La llegada de los "drones" o aviones no tripulados al teatro de guerra en los últimos años, que se ampliará pronto con exoesqueletos o retinas artificiales, ha pillado desprevenidos a los ejércitos europeos que, como el francés, han tenido que hacer uso de tecnología estadounidense en conflicto.

Estados Unidos está también invirtiendo fuertemente en nuevos materiales como el grafeno, un compuesto que conduce la electricidad, con un grosor de un solo átomo de carbono y extremadamente resistente y que tiene el potencial de disparar la velocidad de internet, la eficiencia de redes eléctricas o la nanoingeniería.

El físico español del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) Pablo Jarillo-Herrero fue premiado el año pasado por el presidente Barack Obama por su trabajo en esta área con un millón de dólares para cinco años de trabajo.

Según Chui, los países, sectores y empresas que mejor se adapten a los cambios de modelo tecnológico que vienen serán los ganadores.

"Las crisis pueden contraer la inversión en investigación, la libertad para experimentar o el apetito por el riesgo, pero son también una motivación única para innovar", asegura.

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