Temporada Ciclónica|27 nov 2012, 7:14 PM|POR AP

ONU: supertormenta Sandy no fue coincidencia

¿Es posible que el calentamiento global no haya tenido que ver con este fenómeno particular?
DOHA.- Aunque puede ser engañoso vincular un solo episodio meteorológico con el cambio climático, el huracán Sandy "probablemente no fue una coincidencia" sino un ejemplo de los fenómenos extremos que posiblemente azotarán Estados Unidos con mayor frecuencia a medida que aumentan las temperaturas en el mundo, advirtieron el martes los científicos de un panel durante las conversaciones de las Naciones Unidas sobre el clima.

Jean-Pascal van Ypersele, vicepresidente del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, pronosticó que a medida que se produzcan olas de calor y tormentas más frecuentes la gente dejará de preguntarse si el calentamiento global tuvo algo que ver.

"La nueva pregunta probablemente será: ¿Es posible que el calentamiento global no haya tenido que ver con este fenómeno particular?", dijo a The Associated Press en una entrevista durante un aparte de las negociaciones de la ONU sobre el clima en Qatar.

Las afirmaciones de Ypersele tienen lugar en momentos en que el calentamiento global ha reflotado en Washington después de la devastadora supertormenta -una rareza para el nordeste de Estados Unidos- y la elección que favoreció a los demócratas.

Después de años de desacuerdo, los científicos en meteorología han llegado a la conclusión de que, a medida que el clima se caliente, habrá un menor número de huracanes, pero que los que se desarrollen serán más intensos y lluviosos.

No es correcto asegurar que Sandy fue causada por el calentamiento global, pero "el daño causado por Sandy fue peor debido al aumento en el nivel del mar", afirmó el científico Michael Oppenheimer, de la Universidad de Princeton. Agregó que el nivel del mar en la ciudad de Nueva York es 30 centímetros (un pie) más alto que hace un siglo debido al cambio climático provocado por los seres humanos.

En el segundo día de la conferencia de dos semanas en Doha, capital de Qatar, las conversaciones volvieron a las rencillas entre los países ricos y pobres que caracterizan las negociaciones desde que comenzaron hace dos décadas. El núcleo de la discordia radica en cómo dividir la carga de reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero, incluso el anhídrido carbónico.

Dichas emisiones, principalmente a causa de la combustión de combustibles fósiles como carbón y petróleo, han aumentado un 20% desde el 2000, según un informe de la ONU difundido la semana pasada.
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