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Al borde del abismo

Se estrelló contra una caseta de concreto en un centro de esquí italiano, entre barrancos y pendientes. Lo sacaron en un helicóptero que no encontró dónde aterrizar. Le auguraron la muerte. Las probabilidades hablaron de invalidez. Contra todo pronóstico, volvió a esquiar, pero él ya no sería el mismo. Esta es la historia de Max y del golpe que lo transformó en otro hombre.

Max Bosio (41 años) es un hombre de risa fácil. Su acento italiano se mezcla con las carcajadas que suelta de tanto en tanto. No tiene empachos en intervenir en conversaciones o aportar sus conocimientos de ingeniero informático a quien le consulte. Le gusta hablar, y lo hace fuerte y con ganas.

Hace 18 años, Max no era así. Tímido, reservado y enfocado en lo suyo, trabajaba las noches de fin de semana como DJ en una discoteca en Brescia, una ciudad de 200 mil habitantes al norte de Italia. A pesar del reconocimiento que le acarreaba su actividad, se mantenía discreto. Prefería dedicar su tiempo libre en la semana a esquiar, un pasatiempo que había heredado de su madre, exseleccionada nacional de esa disciplina, y de su abuelo, instructor.

Entonces, un día, todo se fue a negro en la mitad de la nieve.

Y Max despertó siendo otro.