Hitos turísticos

En días recientes se han dado algunos acontecimientos turísticos que vale la pena comentar. Examinados por turno, los claroscuros del turismo se verán a leguas. En conjunto representan un estado de situación que ofrece una interesante perspectiva sobre los retos y oportunidades de la industria.
Para comenzar, no hay entre ellos noticia más chocante que la idea, reportada en la prensa escrita, de dinamitar los hoteles de Playa Dorada. Esta medida se plantea como una respuesta a los retos de competitividad que, en materia turística, confronta la Costa Norte. El razonamiento es que con hoteles nuevos que reemplacen a los dinamitados se estaría recobrando la pujanza de la industria turística en esa región.
La propuesta luce descabellada en parte porque no ofrece la solución al problema del financiamiento de los nuevos hoteles. Resulta difícil que cualquier propietario de estos hoteles este en disposición de gastar en la demolición para luego invertir en una nueva planta. Pero si una inversión tan cuantiosa no puede darse, mucho menos puede creerse que el descenso del turismo en la zona es solamente que la planta hotelera ha envejecido. La respuesta está más en que Puerto Plata y sus zonas aledañas deben competir, en materia de atributos, con Bávaro, Cancún y Cuba.
Una reacción de asombro también evoca la resolución -sin precedentes-- del Ministerio de Turismo que extiende los incentivos fiscales a los hoteles que surjan en el "polígono central" del Distrito Nacional. Esto así porque la Ley 158-01 que estableció los incentivos declara como su objetivo "los polos de escaso desarrollo y nuevos polos en provincias y localidades de gran potencialidad", y el Distrito Nacional no califica por su obvio desarrollo hotelero. Aunque la Ley 184-02 amplia el abanico de pretendientes, solo la Zona Colonial fue ahí declarada apta para recibir los incentivos.
Si bien es cierto que el El Consejo de Fomento a la Industria Turística (Confotur) está facultado para manejar, a su mejor juicio, lo concerniente a la legislación de incentivos, no menos cierto es que no puede, con las medidas que adopte, contrariar frontalmente ni el objetivo ni las disposiciones de la legislación vigente. La medida que debe tomarse en relación a los incentivos fiscales es la de eliminar la actual legislación, dejando que expiren las concesiones vigentes, para crear una nueva que solo privilegie al suroeste y noroeste del país.
Pero unas van de cal y otras de arena. Una noticia de relumbrón que no ha trascendido en la prensa local es el anuncio de que la cadena hotelera Marriott desarrollará un hotel de 173 habitaciones en Puerto Príncipe. La inversión de US$45 millones fue anunciada en ocasión de la celebración del foro anual de promoción de inversiones que auspicia la Fundación Clinton y el BID. La nueva oferta hotelera conjurará un déficit agudo de habitaciones en la capital haitiana provocado por el terremoto.
La noticia es muy alentadora por varias razones. No es solo que estimulará el flujo de ayuda e inversiones hacia el hermano país, sino que también significa el despegue del turismo con una marca estadounidense muy conocida. Las marcas estadounidenses escasean en la hotelería del Caribe y resulta algo paradójico que Haití haya tenido éxito al atraer a una de las más conocidas por efecto de su devastación. Las habilidades persuasivas del Presidente Clinton están detrás de tal logro.
Pero para la RD es de mayor significación la noticia de que un grupo español se propone desarrollar un parque de diversiones en Bávaro-Punta Cana con una inversión de US$180 millones. El proyecto incluye una piscina de 26 mil metros cuadrados que permitirá hasta concursos de surfing y una pista de esquí de nieve artificial. Los que consideraron descabellado poner una pista similar en el Pico Duarte, una posibilidad esbozada por quien escribe en una entrega anterior, quedarán paralizados por el asombro.
El proyecto sin duda responde a la ausencia de una oferta complementaria en la zona de mayor desarrollo turístico del país y a la queja reiterada de los touroperadores al respecto. La importancia del anuncio de este proyecto, sin embargo, va mucho más allá. Es una demostración de la continuada confianza de los inversionistas extranjeros -y los españoles en particular- en el sector turístico dominicano. La confianza en el destino se manifiesta también en la previamente anunciada inversión de US$65 millones de Carnival Cruises en unas instalaciones para cruceros en el puerto de Maimón-Puerto Plata.
Con el mismo regocijo habría que recibir la noticia de la visita del Emir de Qatar en marzo del próximo año. En adición a los arreglos que pudieran hacerse con relación al suministro de gas natural por parte de este país a la RD, el anuncio especifica que también hay la intención qatarí de hacer inversiones en el sector turístico. La empresa inmobiliaria que maneja las inversiones del Estado de Qatar se llama Qatari Diar y esta cuenta con una división hotelera llamada Qatari Resorts.
Para un posible inversionista del calibre del Emir de Qatar se deben contemplar grandes proyectos. Se deberá recordar que Jacques Attali nos recomendó desarrollar un par de enclaves hoteleros del más alto nivel para atraer al segmento más lucrativo del mercado turístico internacional. Como la Qatar Investment Authority -madre de Qatari Diar-- representa al Estado de Qatar, la primera opción seria que el Estado Dominicano le ofrezca sus mejores prendas. Ahí están como opciones la Isla Catalina y el proyecto concebido para Cabo Rojo-Bahía de las Águilas por la Academia de Ciencias y la Comisión Ambiental de la UASD.
Finalmente, se reporta que vamos a cerrar el año con un crecimiento de un respetable 5% en el flujo de turistas al país. Eso sobrepasa a todos los demás destinos del Caribe, si descontáramos la aguda caída del flujo el pasado año en las islas pequeñas de la región. Tanto el sector privado como el público merecen felicitaciones por tan excepcional logro en medio de una crisis económica internacional que mete miedo. No hay duda de que hay espacio para el optimismo respecto al futuro del turismo en el país.
Para comenzar, no hay entre ellos noticia más chocante que la idea, reportada en la prensa escrita, de dinamitar los hoteles de Playa Dorada. Esta medida se plantea como una respuesta a los retos de competitividad que, en materia turística, confronta la Costa Norte. El razonamiento es que con hoteles nuevos que reemplacen a los dinamitados se estaría recobrando la pujanza de la industria turística en esa región.
La propuesta luce descabellada en parte porque no ofrece la solución al problema del financiamiento de los nuevos hoteles. Resulta difícil que cualquier propietario de estos hoteles este en disposición de gastar en la demolición para luego invertir en una nueva planta. Pero si una inversión tan cuantiosa no puede darse, mucho menos puede creerse que el descenso del turismo en la zona es solamente que la planta hotelera ha envejecido. La respuesta está más en que Puerto Plata y sus zonas aledañas deben competir, en materia de atributos, con Bávaro, Cancún y Cuba.
Una reacción de asombro también evoca la resolución -sin precedentes-- del Ministerio de Turismo que extiende los incentivos fiscales a los hoteles que surjan en el "polígono central" del Distrito Nacional. Esto así porque la Ley 158-01 que estableció los incentivos declara como su objetivo "los polos de escaso desarrollo y nuevos polos en provincias y localidades de gran potencialidad", y el Distrito Nacional no califica por su obvio desarrollo hotelero. Aunque la Ley 184-02 amplia el abanico de pretendientes, solo la Zona Colonial fue ahí declarada apta para recibir los incentivos.
Si bien es cierto que el El Consejo de Fomento a la Industria Turística (Confotur) está facultado para manejar, a su mejor juicio, lo concerniente a la legislación de incentivos, no menos cierto es que no puede, con las medidas que adopte, contrariar frontalmente ni el objetivo ni las disposiciones de la legislación vigente. La medida que debe tomarse en relación a los incentivos fiscales es la de eliminar la actual legislación, dejando que expiren las concesiones vigentes, para crear una nueva que solo privilegie al suroeste y noroeste del país.
Pero unas van de cal y otras de arena. Una noticia de relumbrón que no ha trascendido en la prensa local es el anuncio de que la cadena hotelera Marriott desarrollará un hotel de 173 habitaciones en Puerto Príncipe. La inversión de US$45 millones fue anunciada en ocasión de la celebración del foro anual de promoción de inversiones que auspicia la Fundación Clinton y el BID. La nueva oferta hotelera conjurará un déficit agudo de habitaciones en la capital haitiana provocado por el terremoto.
La noticia es muy alentadora por varias razones. No es solo que estimulará el flujo de ayuda e inversiones hacia el hermano país, sino que también significa el despegue del turismo con una marca estadounidense muy conocida. Las marcas estadounidenses escasean en la hotelería del Caribe y resulta algo paradójico que Haití haya tenido éxito al atraer a una de las más conocidas por efecto de su devastación. Las habilidades persuasivas del Presidente Clinton están detrás de tal logro.
Pero para la RD es de mayor significación la noticia de que un grupo español se propone desarrollar un parque de diversiones en Bávaro-Punta Cana con una inversión de US$180 millones. El proyecto incluye una piscina de 26 mil metros cuadrados que permitirá hasta concursos de surfing y una pista de esquí de nieve artificial. Los que consideraron descabellado poner una pista similar en el Pico Duarte, una posibilidad esbozada por quien escribe en una entrega anterior, quedarán paralizados por el asombro.
El proyecto sin duda responde a la ausencia de una oferta complementaria en la zona de mayor desarrollo turístico del país y a la queja reiterada de los touroperadores al respecto. La importancia del anuncio de este proyecto, sin embargo, va mucho más allá. Es una demostración de la continuada confianza de los inversionistas extranjeros -y los españoles en particular- en el sector turístico dominicano. La confianza en el destino se manifiesta también en la previamente anunciada inversión de US$65 millones de Carnival Cruises en unas instalaciones para cruceros en el puerto de Maimón-Puerto Plata.
Con el mismo regocijo habría que recibir la noticia de la visita del Emir de Qatar en marzo del próximo año. En adición a los arreglos que pudieran hacerse con relación al suministro de gas natural por parte de este país a la RD, el anuncio especifica que también hay la intención qatarí de hacer inversiones en el sector turístico. La empresa inmobiliaria que maneja las inversiones del Estado de Qatar se llama Qatari Diar y esta cuenta con una división hotelera llamada Qatari Resorts.
Para un posible inversionista del calibre del Emir de Qatar se deben contemplar grandes proyectos. Se deberá recordar que Jacques Attali nos recomendó desarrollar un par de enclaves hoteleros del más alto nivel para atraer al segmento más lucrativo del mercado turístico internacional. Como la Qatar Investment Authority -madre de Qatari Diar-- representa al Estado de Qatar, la primera opción seria que el Estado Dominicano le ofrezca sus mejores prendas. Ahí están como opciones la Isla Catalina y el proyecto concebido para Cabo Rojo-Bahía de las Águilas por la Academia de Ciencias y la Comisión Ambiental de la UASD.
Finalmente, se reporta que vamos a cerrar el año con un crecimiento de un respetable 5% en el flujo de turistas al país. Eso sobrepasa a todos los demás destinos del Caribe, si descontáramos la aguda caída del flujo el pasado año en las islas pequeñas de la región. Tanto el sector privado como el público merecen felicitaciones por tan excepcional logro en medio de una crisis económica internacional que mete miedo. No hay duda de que hay espacio para el optimismo respecto al futuro del turismo en el país.
Juan Lladó
Juan Lladó